"y estad siempre preparados para responder con mansedumbre y reverencia a cada uno que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros".
1 Pedro 3:15

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jueves, 5 de septiembre de 2013

Elder Russel M. Nelson: Jesús y la Expiación

Elder Russel M. Nelson - La Portada y La Traducción del Libro de Mormón

Modelos de Luz: Distinguir la Luz

Modelos de Luz: La Luz de Cristo

Modelos de luz: El Espíritu de Revelación (Elder David A. Bednar)

José Smith: El Profeta de la Restauración

¿Me amas tu a mi? (Elder Jeffrey R. Holland)

Mensaje Mormon: Santificaos (Elder Jeffrey R. Holland)

Pelicula: Praise To The Man (Loor al Profeta)

Praise To The Man from Sergio Tijerina on Vimeo.

Potente testimonio de un Apostol del Señor Jesucristo: Directing the Lord's Work

miércoles, 4 de septiembre de 2013

¿ QUE SIGNIFICA ELI, ELI, LAMA SABACTANI?


¿ QUE SIGNIFICA ELI, ELI, LAMA SABACTANI?


¿Son lengua maya, las palabras que cristo dijo a la hora de su muerte en la cruz?

Cerca de la hora novena Jesús clamó a gran voz diciendo: Elí, elí, elí, lamá sabactani. Esto es: Dios mío, Dios mío… por qué me has abandonado? Y luego: En tus manos encomiendo mi espíritu (dicen en las Iglesias que dijo Jesús en la hora novena, al momento de su muerte) En la misma Biblia, escrito está, que algunos de los que estaban allí decían al oírlo, está llamando a Elías, veamos si viene a liberarle. Más Jesús habiendo clamado otra vez a gran voz, entregó el espíritu. (Mateo 27; 46-50)

Juan, el evangelista sólo escribe que cuando Jesús hubo tomado el vinagre, dijo “Consumado es…” y habiendo inclinado la cabeza, entregó el espíritu. (Juan 19-30)

Cuando era como la hora sexta hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora novena. El sol se oscureció, y el velo del templo se rasgó por la mitad. Entonces Jesús clamando con a gran voz, dijo: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”. Y habiendo dicho esto, expiró. (Lucas 23; 44-46)

Marcos en su 15; 34-36 explica: Y a la hora novena Jesús clamó a gran voz: Eloi, Eloí ¿Lamá sabactani?, que traducido es: Dios mío, Dios mío, ¿Por qué me has desamparado? Y coincide con Mateo que dando una gran voz expiró.

Lo extraordinario de esta última expresión de Cristo en la cruz, es que las palabras que emitió en la hora de su muerte, no son conocidas en ninguna lengua o idioma, porque corresponden a una antigua lengua muerta denominada NAGA o DANAGA de la India. Pero lo más extraordinario es que la lengua Naga o Danaga, es semejante a la lengua maya que hablamos actualmente. La supuesta lengua muerta permanece viva en la palabra de miles de mayas del sureste de México y de Guatemala.

Ignacio Magloni Duarte, escritor yucateco, en su libro “Educadores del Mundo” expone que “podríamos llenar un libro mencionando la exacta igualdad de las palabras en maya y en naga; bastémonos decir que todas las palabras usadas para interpretar tabletas antiguas en los templos de la India, son exactamente palabras del idioma maya hablado hasta ahora en Mesoamérica”.

La opinión de Magaloni se basa en el historiador Valmiki (siglo IV. A.C.) Que en la India antigua habían llegado a las regiones del Tibet, una raza a la que se llamó Naga-Maya “a civilizarlos”, y esto es histórico; porque después llevaron sus conocimientos a Babilonia, Acadia, Egipto y Grecia.

Según Magaloni Duarte no hay duda que el maya-naga de la India y el maya preamericano eran el mismo, porque hay innumerables escritos, leyendas y tradiciones en la India que así lo indican, como el caso de que naga significa serpiente y naga-maya es serpiente maya o sea el culto a la serpiente.

Los mayas llevaron sus conocimientos y enseñanzas al primitivo Egipto. Osiris predicaba la ciencia-religión de los mayas y Jesús predicó y enseñó palabra por palabra el proyecto de Osiris. Muchos mensajes son iguales o semejantes. De esta manera y a través de las escuelas herméticas del Tibet y Egipto, la lengua maya se constituye en lenguaje ritual del maestro. Aun así a muchos asombrará la afirmación hecha por Le Plongeón y otros grandes investigadores, según Magaloni, de que Cristo en la cruz habló en su lengua ritual.

Apoya la afirmación, el hecho bíblico de todo conocido que los evangelistas están acordes con una duda: nadie sabía a qué idioma o lengua atribuir las palabras Helí, Helí, Lamáh Zabac Taní, por lo que según ellos mismos hay que interpretar, y lo hacen, dos de ellos, Mateo y Marcos con amargura y frustración: Dios mío, ¿por qué me has abandonado?, mientras que Lucas con resignación justificada: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”. Juan que tampoco alude la lengua desconocida sólo escribe que Jesús al expirar alcanza a decir “Todo está consumado”.

Pues bien, no existiendo las palabras en ningún otro idioma del mundo antiguo ni moderno, en nuestra lengua maya, el idioma ritual de Cristo, cada una de las palabras tiene un significado y la frase formada, con todas las palabras juntas es grandiosa, coherente y digna del gran maestro crucificado por causa de la incomprensión humana del proyecto de vida con justicia y dignidad que proclamaba.

Magaloni Duarte, tomó del diccionario de Ticul, Maya-Español y leemos las palabras:

HELI: Significa, ahora, al fin, Ya. LAM-HA: Significa sumergirse. ZABAC: Se dice humo, pre –alba. (Un indígena maya al que interrogó le dijo que la palabra significa, además de otras cosas pardear el alba). TANÍ: Es una palabra compuesta de de tan, en presencia y ni nariz; Taní significa ante la nariz y obviamente equivale a lo que hoy decimos: ante la frente, en frente, en presencia de. La frase así organizada se traduce: Ahora (de) hundirme en la pre-alba de tu presencia.

Heródoto asienta en su Libro I-181: “Berosus, que fue un temprano sacerdote historiador babilonio dice: Los primeros habitantes de Babilionia fueron extranjeros de otra raza; esta raza trajo la civilización a Mesopotamia. Fueron llamados los Oannes de Hoa-ana, que significa en lengua maya Há: agua, y Na, casa, es decir, los que vinieron en barco”.

Berosus usó lenguaje maya para enseñar que los primeros colonizadores de Babilonia vinieron de la India en Barcos desde el Golfo Pérsico; y Valmiki y diferentes inscripciones en los templos, muestran una cadena de evidencias de que los primeros babilonios eran colonizadores mayas venidos de la India.

Visto así la globalización de la cultura, desde la visión cósmica comunitaria de nuestros pueblos meso americanos, que mantenían un proyecto de desarrollo alternativo al proyecto individualista occidental, con el cristianismo original dio una importante contribución al desarrollo de la humanidad. Y aún en estos momentos de profunda crisis de los valores, la visión maya, la alta tecnología y conocimientos unidos acortarían el viaje hacia la gran transformación del ser humano, que Jesús quería cambiar, para que cambien los reinos.

http://www.notisureste.com.mx/noticias/son-lengua-maya-las-palabras-que-cristo-dijo-hora-muerte-cruz-4490/

lunes, 29 de agosto de 2011

Jesus El Cristo en Las Americas

Es de gran asombro para mi la gran similitud que existe entre las leyendas de los Incas con respecto a la venida de un personaje llamado Viracocha y la venida de Jesucristo resucitado a las Américas la cual se encuentra en el Libro de Mormón, dada la similitud y el paralelismo que existe entre estas 2 historias podemos afirmar que aporta gran evidencia al Libro de Mormón puesto que hay muchas partes que encajan con el relato del Libro de Mormón, Muchos detractores pudieran refutar lo siguiente pero yo les pregunto ¿de que fuente saco José Smith la historia de la venida de Jesucristo a América? ¿Existe evidencia alguna que señale que José Smith tomo dicha historia de un libro? si asi fue ¿en que libro?. Siendo jose smith un joven granjero indocto en la materia ¿como es posible que exista concordancia entre estas dos historias? se los dejo de tarea . . . y seguire esperando evidencia alguna que refute lo siguiente . . .

3 Nefi 8: 2-23

Sucedió, pues, que si este hombre no se equivocó en el cálculo de nuestro tiempo, el año treinta y tres había pasado;
y el pueblo se puso a guardar con gran anhelo la señal que había dado el profeta Samuel el Lamanita, sí, la ocasión en que habría tres días de tinieblas sobre la faz de la tierra.
Y sucedió que en el año treinta y cuatro, en el cuarto día del primer mes, se desató una gran tormenta, como jamás se había conocido en toda la tierra.
Y hubo también una grande y horrenda tempestad; y hubo terribles truenos de tal modo que sacudían toda la tierra como si estuviera a punto de dividirse.
Y hubo relámpagos extremadamente resplandecientes, como nunca se habían visto en toda la tierra.
Y se incendió la ciudad de Zarahemla.
Y se hundió la ciudad de Moroni en las profundidades del mar, y sus habitantes se ahogaron.
Y se amontonó la tierra sobre la ciudad de Moroníah, de modo que en lugar de la ciudad, apareció una enorme montaña.
Y hubo una destrucción grande y terrible en la tierra del sur.
Pero he aquí, hubo una destrucción mucho más grande y terrible en la tierra del norte; pues he aquí, toda la faz de la tierra fue alterada por causa de la tempestad, y los torbellinos, y los truenos, y los relámpagos, y los sumamente violentos temblores de toda la tierra;
y se rompieron las calzadas, y se desnivelaron los caminos, y muchos terrenos llanos se hicieron escabrosos.
Y se hundieron muchas grandes y notables ciudades, y muchas se incendiaron, y muchas fueron sacudidas hasta que sus edificios cayeron a tierra, y sus habitantes murieron, y los sitios quedaron desolados.
Y hubo algunas ciudades que permanecieron; pero el daño que sufrieron fue sumamente grande, y muchos de sus habitantes murieron.
Y hubo algunos que fueron arrebatados por el torbellino; y nadie sabe a dónde fueron a parar, sólo saben que fueron arrebatados.
Y así quedó desfigurada la superficie de toda la tierra por motivo de las tempestades, y los truenos, y los relámpagos, y los temblores de tierra.
Y he aquí, las rocas se partieron; fueron despedazadas sobre la superficie de toda la tierra, de tal modo que se hallaron hechas pedazos, y partidas y hendidas, sobre toda la faz de la tierra.
Y aconteció que cuando cesaron los truenos, y los relámpagos, y la tormenta, y la tempestad, y los temblores de la tierra —pues he aquí, duraron como unas tres horas; y algunos dijeron que fue más tiempo; no obstante, todas estas grandes y terribles cosas acontecieron en el espacio de unas tres horas— he aquí, entonces hubo tinieblas sobre la faz de la tierra.
Y sucedió que hubo densa obscuridad sobre toda la faz de la tierra, de tal manera que los habitantes que no habían caído podían sentir el vapor de tinieblas;
y no podía haber luz por causa de la obscuridad, ni velas, ni antorchas; ni podía encenderse el fuego con su leña menuda y bien seca, de modo que no podía haber ninguna luz.
Y no se veía luz alguna, ni fuego, ni vislumbre, ni el sol, ni la luna, ni las estrellas, por ser tan densos los vapores de obscuridad que había sobre la faz de la tierra.
Y sucedió que duró por el espacio de tres días, de modo que no se vio ninguna luz; y hubo grandes lamentaciones, gritos y llantos continuamente entre todo el pueblo; sí, grandes fueron los gemidos del pueblo por motivo de las tinieblas y la gran destrucción que les había sobrevenido.

3 Nefi 9: 9-10-17

Y aconteció que así pasaron los tres días. Y era la mañana, y se disipó la obscuridad de sobre la faz de la tierra, y cesó la tierra de temblar, y dejaron de hendirse las rocas, y terminaron los espantosos gemidos, y se acabaron todos los sonidos tumultuosos.
Y se integró la tierra otra vez, y se afirmó; y cesaron los lamentos, y el llanto, y los gemidos de los que quedaron vivos; y su lloro se tornó en gozo, y sus lamentaciones en alabanzas y en acción de gracias al Señor Jesucristo, su Redentor.
3 Nefi 11: 1

Y aconteció que se hallaba reunida una gran multitud del pueblo de Nefi en los alrededores del templo que se encontraba en la tierra de Abundancia, y estaban maravillándose y asombrándose entre sí, y mostrándose los unos a los otros el grande y maravilloso cambio que se había verificado.
Y también estaban conversando acerca de este Jesucristo, de quien se había dado la señal tocante a su muerte.
Y aconteció que mientras así conversaban, unos con otros, oyeron una voz como si viniera del cielo; y miraron alrededor, porque no entendieron la voz que oyeron; y no era una voz áspera ni una voz fuerte; no obstante, y a pesar de ser una voz suave, penetró hasta lo más profundo de los que la oyeron, de tal modo que no hubo parte de su cuerpo que no hiciera estremecer; sí, les penetró hasta el alma misma, e hizo arder sus corazones.
Y sucedió que de nuevo oyeron la voz, y no la entendieron.
Y nuevamente por tercera vez oyeron la voz, y aguzaron el oído para escucharla; y tenían la vista fija en dirección del sonido; y miraban atentamente hacia el cielo, de donde venía el sonido.
Y he aquí, la tercera vez entendieron la voz que oyeron; y les dijo:
He aquí a mi Hijo Amado, en quien me complazco, en quien he glorificado mi nombre: a él oíd.

Y aconteció que al entender, dirigieron la vista hacia el cielo otra vez; y he aquí, vieron a un Hombre que descendía del cielo; y estaba vestido con una túnica blanca; y descendió y se puso en medio de ellos. Y los ojos de toda la multitud se fijaron en él, y no se atrevieron a abrir la boca, ni siquiera el uno al otro, y no sabían lo que significaba, porque suponían que era un ángel que se les había aparecido.
Y aconteció que extendió la mano, y habló al pueblo, diciendo:
He aquí, yo soy Jesucristo, de quien los profetas testificaron que vendría al mundo.
Y he aquí, soy la luz y la vida del mundo; y he bebido de la amarga copa que el Padre me ha dado, y he glorificado al Padre, tomando sobre mí los pecados del mundo, con lo cual me he sometido a la voluntad del Padre en todas las cosas desde el principio.
Y sucedió que cuando Jesús hubo hablado estas palabras, toda la multitud cayó al suelo; pues recordaron que se había profetizado entre ellos que Cristo se les manifestaría después de su ascensión al cielo.
Y ocurrió que les habló el Señor, diciendo:
Levantaos y venid a mí, para que metáis vuestras manos en mi costado, y para que también palpéis las marcas de los clavos en mis manos y en mis pies, a fin de que sepáis que soy el Dios de Israel, y el Dios de toda la tierra, y que he sido muerto por los pecados del mundo.
Y aconteció que los de la multitud se adelantaron y metieron las manos en su costado, y palparon las marcas de los clavos en sus manos y en sus pies; y esto hicieron, yendo uno por uno, hasta que todos hubieron llegado; y vieron con los ojos y palparon con las manos, y supieron con certeza, y dieron testimonio de que era él, de quien habían escrito los profetas que había de venir.
Y cuando todos hubieron ido y comprobado por sí mismos, exclamaron a una voz, diciendo:
¡Hosanna! ¡Bendito sea el nombre del Más Alto Dios! Y cayeron a los pies de Jesús, y lo adoraron.

3 Nefi 17: 4-10

Pero ahora voy al Padre, y también voy a mostrarme a las tribus perdidas de Israel, porque no están perdidas para el Padre, pues él sabe a dónde las ha llevado.
Y sucedió que cuando Jesús hubo hablado así, de nuevo dirigió la vista alrededor hacia la multitud, y vio que estaban llorando, y lo miraban fijamente, como si le quisieran pedir que permaneciese un poco más con ellos.
Y les dijo: He aquí, mis entrañas rebosan de compasión por vosotros.
¿Tenéis enfermos entre vosotros? Traedlos aquí. ¿Tenéis cojos, o ciegos, o lisiados, o mutilados, o leprosos, o atrofiados, o sordos, o quienes estén afligidos de manera alguna? Traedlos aquí y yo los sanaré, porque tengo compasión de vosotros; mis entrañas rebosan de misericordia.
Pues percibo que deseáis que os muestre lo que he hecho por vuestros hermanos en Jerusalén, porque veo que vuestra fe es suficiente para que yo os sane.
Y sucedió que cuando hubo hablado así, toda la multitud, de común acuerdo, se acercó, con sus enfermos, y sus afligidos, y sus cojos, y sus ciegos, y sus mudos, y todos los que padecían cualquier aflicción; y los sanaba a todos, según se los llevaban.
Y todos ellos, tanto los que habían sido sanados, como los que estaban sanos, se postraron a sus pies y lo adoraron; y cuantos, por la multitud pudieron acercarse, le besaron los pies, al grado de que le bañaron los pies con sus lágrimas.

Lo siguiente es un extracto tomado del libro: Crónica del Perú El Señorío de los Incas Por Pedro de Cieza de León

Antes que los Ingas reinasen en estos reinos ni ellos fuesen conocidos, cuentan estos indios otra cosa muy mayor que todas aquellos dicen, por que afirman que estuvieron mucho tiempo sin ver el sol y que, padeciendo gran trabajo con esta falta, hacían grandes votos y plegarias a los que ellos tenían por dioses, pidiéndoles la lumbre de que carecian; y que estando de esta suerte, salio de la isla de Titicaca, que esta dentro de la gran laguna de collao, el sol muy resplandeciente con que todos se alegraron, y que luego que esto paso, dicen que hacia las partes del Mediodia vino y remanecio un hombre blanco de crecido cuerpo, y cual en su aspecto y persona mostraba gran autoridad y veneracion, y que este varon que asi vieron tenia tan gran poder que de los cerros hacia llanuras y de las llanuras sierras grandes, haciendo fuentes en piedras vivas. Y como tal poder le conociesen, llamabanle Hacedor de todas las cosas criadas, principio de ellas, Padre del sol, porque sin esto dicen que hacia otras cosas mayores, porque dio ser a los hombres y animales; y que en fin por su mano les vino notable beneficio. Y este tal, cuentan los indios que a mi me lo dijeron, que oyeron a sus pasados, que ellos también oyeron en los cantares que ellos de lo muy antiguo tenían, que fue de largo hacia el Norte, haciendo y obrando estas maravillas por el camino de la serrania y que nunca jamas lo volvieron a ver. En muchos lugares diz que dio orden a los hombres como viviesen y que les hablaba amorosamente y con mucha mansedumbre, amonestándoles que fuesen buenos y los unos a los otros no se hiciesen daño ni enjurio [injuria], antes, amándose, en todos hubiese caridad. Generalmente le nombran en la mayor parte Ticiviracoche, aunque en la provincia de collao le llaman Tuapaca y en otros lugares de ella Harnava [Arnahuan]. Fueronle en muchas partes hechos templos, en los cuales pusieron bultos de piedra a su semejanza y delante de ellos hacían sacrificios, los bultos grandes que están en el pueblo de Tiaguaco [Tiahuanacu] se tiene que fue[ron hechos] desde aquellos tiempos; y aunque por fama que tienen de lo pasado cuentan esto que escribo de Ticiviracocha, no saben decir de el mas ni que volviese a parte de ninguna deste reino.
Sin esto dicen que pasado algunos tiempos, volvieron [sic] otro hombre semejante al que esta dicho, el nombre del cual no cuentan, y que oyeron a sus pasados por muy cierto que por dondequiera que llegaba y hubiese enfermos los sanaba y a los ciegos con solamente palabra les daba vista; por las cuales obras tan buenas y provechosas era de todos muy amado. Y de esta manera, obrando con su palabra grandes cosas, llego a la provincia de los Canas, en la cual, junto a un pueblo que ha por nombre Cacha, y que en el tiene encomienda el capitan Bartolome de Terrazas, levantando de los naturales inconsideramente fueron para el con voluntad de lo apedrear y conformando la obra con ella le vieron hincado de rodillas, alzadas las manos al cielo, como que invocaba el fabor divino para se librar del aprieto en que se veía. Afirman estos indios mas, que luego pareció un fuego del cielo tan grande que pensaron todos ser abrazados; temerosos y llenos de gran temblor fueron para el que asi querian matar y con clamores grandes le suplicaron de aquel aprieto librarlos quisiese, pues conocían por el pecado que habían cometido en lo así querer apedrear les venia aquel castigo. Vieron luego que, mandando al fuego que cesase, se apago, quedando con el incendio consumidas y gastadas las piedras de tal manera que ellas mismas se hacen testigos de haber pasado esto que se ha escrito, porque se ven quemadas y tan livianas que, aunque sea algo crecida, es levantada con la mano como corcho. Y sobre esta materia dicen mas, que saliendo de ahí fue hasta llegar a la costa de la mar, adonde, tendiendo su manto, se fue por entre sus ondas y que nunca jamas pareció ni le vieron; y como se fue, le pusieron por nombre "Viracocha" que quiere decir "espuma de la mar". E luego que esto paso, se hizo un templo en este pueblo de cacha.

Transcrito textualmente de las pags. 305-306

Negritas y Cursiva agregadas

lunes, 7 de febrero de 2011

Relacionan a Kukulcán con un "Dios Blanco"




Fuente: El diario de Yucatan Publicado el 18 enero 2011

La afirmación de que los mayas, como los personajes del Libro del Mormón, habrían construido vehículos con ruedas sirve a los detractores del mormonismo para desacreditar esa religión, porque la rueda, dicen esos críticos, nunca fue utilizada en América antes de la llegada de Colón.

Pero para el arqueólogo mormón John L. Sorenson, esto es una equivocación: "no se puede creer que todas esas carreteras de los mayas fueron utilizadas solamente para acercar a la gente a los templos, para procesiones religiosas o para tránsito de peatones; creemos que también usaron vehículos", dice Sorensen. Los arqueólogos mormones opinan que hay muchas evidencias del uso de la rueda en Mesoamérica, lo que sería otra prueba de que en esta zona se ubicaría la geografía del Libro del Mormón.

Ruedas

Hay cientos de ejemplos precolombinos en Mesoamérica de "juguetes" rodados, dice Sorenson, y es altamente inverosímil que estos juguetes emplearan un principio mecánico básico que no fuera utilizado en modelos más grandes.

-En términos de la lógica simple, es inconcebible que una persona diseñe algo en la forma de un modelo pequeño y no lo utilice en grande.

En 1940, añade el arqueólogo, una expedición a Tres Zapotes, Veracruz, descubrió lo que parecen juguetes pequeños de cerámica en forma de animales que rodaban adelante y atrás, con ruedas hechas de arcilla.

Dios blanco

En otro intento por relacionar a Jesucristo con la civilización maya, algunos arqueólogos de la iglesia de los mormones identifican a Cristo con el mito indígena de Quetzalcóatl. Este fue el dios o héroe cultural azteca y tolteca, que en Yucatán se le conoció como Kukulcán.

Según el arqueólogo mormón César Castillo Valdés, los conquistadores españoles encontraron en América numerosos relatos indígenas sobre un visitante blanco y barbudo que vino en épocas antiguas, mucho antes de Colón, y trajo con él una civilización superior.

Tan influyente fue ese visitante que los indígenas construyeron enormes monumentos y grandes ciudades en su honor.

Arqueólogos mormones y no mormones, afirma Castillo Valdés, han descubierto características similares en los relatos que hablan de Quetzalcóatl-Kukulcán y Jesucristo en América.

"Las leyendas indígenas sobre Kukulcán, por ejemplo, refieren que éste vino del Poniente, posiblemente vestido con una túnica blanca y con barba y piel clara", añade.

Muchos pueblos indígenas conocieron estas leyenda del "dios blanco" que siempre terminan del mismo modo, dice Castillo Valdés: un personaje que vino de lejos y que dejó a su gente con la solemne promesa de regresar algún día.

Los mayas del período Clásico, que vivieron mucho tiempo después de la supuesta llegada de Cristo a América y de su ascensión al cielo, desarrollaron un culto a un "dios blanco y barbado", que aparece en el lado norte del Juego de Pelota de Chichén Itzá, en un edificio ahora conocido como "El templo del dios blanco y barbado".

En ese edificio, explica Castillo Valdés, se encuentra una escultura tallada en piedra con un hombre sentado que lleva larga y afilada barba. Su indumentaria es sencilla, pero exhibe un emblema propio: la serpiente emplumada, que es el signo azteca o náhuatl de Quetzalcóatl.

Leyenda

¿Cómo podrían los mayas saber de un "dios blanco barbado" si nunca vieron uno?, se pregunta Castillo Valdés.

Muchos especialistas mormones y no mormones coinciden en que esta creencia sobre un "dios blanco y barbado" en los pueblos indígenas de América existió mucho tiempo antes de la llegada de los españoles, explica Castillo Valdés.

"Yo creo que Jesús vino a América y que pobladores lo recordaron en una leyenda que se llamó Quetzalcóatl y Kukulcán", señala.- H.C.C.

viernes, 28 de enero de 2011

Investigando el Rastro de Cristo












Algunos arqueólogos mormones defienden la teoría de que una visita de Cristo al continente americano, luego de resucitar en Jerusalén y antes de ascender al cielo, en el año 34, podría haber ocurrido no sólo en Dzibanché, cerca de Chetumal, como informamos el domingo 9 de este mes, sino también en una localidad de Campeche.El arqueólogo M. Wells Jakeman, de la Universidad Brigham Young, de Utah, Estados Unidos -el principal centro académico de los mormones en el mundo-, estableció la teoría en 1948 de que la ciudad de Bountifoul, el sitio donde Jesucristo, según el Libro del Mormón, visitó a sus seguidores en América, se ubica en un punto conocido como Aguacatal, en la selva de Xicalango, cerca de Ciudad del Carmen, Campeche.

Trabajando entre una espesa maleza, Jakeman realizó excavaciones en ese lugar y encontró cerca de 150 estructuras piramidales. Muchas de esas estructuras estaban perdidas en el pantano de Xicalango y separadas del resto de la tierra por tres grandes fosas. Las fosas parecían enormes paredes que recordaron al arqueólogo las características de la ciudad de Bountifoul, de acuerdo con el Libro del Mormón.Aguacatal parece haber sido, según el investigador, la única ciudad amurallada en la región meridional de la costa del Golfo de México, pero también una ciudad comparativamente muy grande. Tuvo un largo periodo de prosperidad, que se inició tentativamente, según Jakeman, entre los años 350 ó 400 antes de Cristo y tomó auge en los primeros años de nuestra era.Los mormones coinciden en que la visita de Cristo a América ocurrió en un lugar cercano al mar. En el caso de Aguacatal, cerca del Golfo de México. Dzibanché está próximo al Caribe.La permanencia de Jesucristo en territorio de México, de Centroamérica e incluso de Yucatán, en una tierra con geografía más parecida a la europea que a la americana, es una auténtica fábula, dicen los detractores de esa creencia.CoincidenciaPara contrarrestar esas opiniones, desde 1952 la iglesia mormona financia el más grande y ambicioso proyecto de arqueología religiosa. Se trata de la Fundación Arqueológica del Nuevo Mundo (FANM), con sede en Chiapas, que inicialmente tuvo investigadores de campo que no eran mormones.

A lo largo de los años ha logrado inquietantes hallazgos arqueológicos, en su afán de probar la permanencia de Cristo en América.Parte del trabajo de la FANM consiste en relacionar el período Preclásico tardío de la civilización maya (400 a.C al 200 d.C, cuando se consolidan los grandes centros ceremoniales y comienzan a surgir las grandes urbes) con la etapa de esplendor de la civilización que aparece en el Libro del Mormón.Según este texto, que para los mormones es como la Biblia para los católicos, "en los dos años siguientes a la venida de Cristo, en el año 34, todos los hombres de la faz de la tierra se habían convertido y no había ricos, ni pobres, ni esclavos, ni libres; y los discípulos de Jesús efectuaron grandes y maravillosas obras, de tal manera que sanaban a los enfermos y resucitaban a los muertos, edificaron grandes ciudades y aquí que aconteció que el pueblo se hizo fuerte y se multiplicó con gran rapidez".Este periodo se extendió, dice el Libro del Mormón, 200 años más. Según la ciencia, el apogeo de la cultura maya ocurrió en el período Clásico, entre el año 300 y el 1100, después de Cristo.

Pero según el arqueólogo mormón Marco Antonio Magaña Mena, egresado de la Facultad de Antropología de la Universidad Autónoma de Yucatán, "hay suficientes evidencias para asegurar que el Preclásico tardío -que coincide con la época de paz y prosperidad del Mormón, por la llegada de Jesucristo- fue el mejor momento de los mayas, porque cimentaron sus conocimientos tecnológicos y científicos que desarrollaron después en el período Clásico".Una prueba de esto es la zona de Cerros, en Corozal, Belice, fomentada entre los años 50 A.C. y 150 D.C, explica César Castillo Valdés, arqueólogo mormón, egresado de la Escuela Nacional de Antropología.Allí arqueólogos no mormones descubrieron vestigios de una ciudad maya del Preclásico tardío, que muestra enormes avances culturales.Más recientemente, en 2006, añade Castillo Valdés, el arqueólogo estadounidense William Saturno descubrió algo aún más revelador: un mural de 15 metros en San Bartolo, Belice, casi en la frontera con Guatemala, que data del año 100 antes de Cristo. Ese mural, que narra el mito del dios maíz, se hizo con técnicas propias del periodo Clásico, lo que demuestra que la civilización maya floreció siglos antes de lo que sostienen muchos investigadores.Otro hecho que algunos arqueólogos mormones relacionan con la cultura maya es el surgimiento de innumerables caminos entre ciudades mayas en el periodo Preclásico. Arqueólogos mormones, apoyándose en estudios de científicos no mormones de la Universidad de Tulane, en Estados Unidos, demuestran que Komchén, en Yucatán, contaba con caminos desde el año 300 antes de Cristo.

Posteriormente, los mayas en el periodo Clásico multiplicaron la construcción de esos caminos por toda la Península.El descubrimiento de los sacbés mayas, de 4 a 10 metros de ancho, ha sido usado por algunos arqueólogos mormones que defienden la teoría de la permanencia de Cristo en la Península de Yucatán como una prueba de la relación entre los mayas y el Libro del Mormón, cuyas historias hablan precisamente de ciudades comunicadas por caminos.Uno de los arqueólogos más eminentes del mormonismo, John L. Sorenson, en uno de sus libros afirma que estas construcciones mayas coinciden precisamente con el Libro del Mormón, que habla de grandes caminos y de vehículos con ruedas."No tenemos ninguna idea de cómo serían estos vehículos en el caso de los mayas", dice Sorenson. "Habrían podido ser carros rodados o aun cuerpos con cuatro ruedas que habrían servido para mover las mercancías. No lo sabemos bien todavía, pero seguramente existieron".- Hernán Casares Cámara

martes, 1 de diciembre de 2009

Un potente testimonio del Libro de Mormon

"Quiero que quede absolutamente claro cuando esté ante el
tribunal del juicio de Dios que he declarado al mundo…
que el Libro de Mormón es verdadero."




Discurso del Elder Jeffrey R. Holland (Español) from helaman on Vimeo.

sábado, 28 de noviembre de 2009

Lo que los Antimormones no te dicen ... No existe evidencia del ADN


Por Jack R. Christianson

La acusación: La introducción del Libro de Mormón afirma que las personas del Libro de Mormón, quienes no fueron destruidas por la guerra son los “descendientes principales de los indios americanos.” Aunque no hay evidencia de ADN que relacione el ADN hebreo con el de los indios americanos.

La respuesta: La página en Internet de la Foundation for Ancient Research and Mormon Studies, FARMS http://mi.byu.edu/, (por sus siglas en inglés, Fundación para la investigación de estudios antiguos y mormones), declara: “Recientemente, algunos críticos han sugerido que hay una forma simple para determinar la validez del Libro de Mormón por medio del análisis y la comparación del ADN de judíos e indios americanos. Algunos han sugerido que dichos estudios ya han sido hechos y que no demostraron relación genética entre los dos grupos de personas. En realidad, se necesita todavía mucha investigación para hacerlo, pero parece improbable que tal investigación podría proporcionar evidencia para o en contra el Libro de Mormón. No sabemos como era el ADN de los antiguos israelitas o nefitas/lamanitas, y las poblaciones de judíos modernos pueden no reflejar antepasados israelitas, debido a los matrimonios entre distintas razas y a los cambios de religión durante los varios miles de años pasados.”

Además, los indios americanos puede ser que no hayan sido las únicas personas que vivían en las Américas durante el tiempo del Libro de Mormón. Cuando consideramos la frase “los principales antepasados de los indios americanos,” sería bueno revisar el significado de ‘principales’. El diccionario Webster’s define principal como el rango, carácter o importancia de rango más alto. El Libro de Mormón no declara que sea un registro de los habitantes de las Américas. De hecho, algunos eruditos creen que habían muchas personas de muchas naciones en las Américas (véase Sorenson, An Ancient American Setting for the Book of Mormon; Nibley, The Prophetic Book of Mormon).


miércoles, 25 de noviembre de 2009

Lo que los Antimormones no te dicen ... El uso de la palabra Adiós (adieu, en la versión en inglés)

por Jack R. Christianson


La acusación: El Libro de Mormón es un fraude porque Jacob 7:27 finaliza con la palabra adiós (adieu), la cual claramente es de origen francés. El idioma francés se desarrolló cientos de años después de la época de Jacob.

La respuesta: Debido a que Libro de Mormón es una traducción literaria, la palabra adiós (adieu) fue una palabra de José Smith y no de Jacob. Daniel Ludlow da una explicación sencilla que da un significado claro al uso de una palabra francesa en el Libro de Mormón. Comentó:
“Tales críticos evidentemente pasaron por alto el hecho que el Libro de Mormón es una traducción literaria, y José Smith se sintió libre de usar en su traducción, cualquier palabra familiar para sí mismo y para sus lectores, que transmitiera mejor el significado del autor original. Es interesante notar que hay una palabra hebrea Lehitra’ot, la cual tiene el mismo significado en hebreo como la palabra adieu tiene en francés. Ambas palabras son mucho más que una simple despedida; incluyen la idea de una bendición. ¿Sería poco razonable recordarles a estos críticos que ninguna de las palabras contenidas en la traducción al inglés del libro de Jacob, fueron usadas por el mismo Jacob? Todas estas palabras vienen del idioma inglés, el cual no llegó a existir hasta mucho tiempo después de la época de Jacob (A Companion to Yor Study of the Book of Mormon, página 163).

sábado, 21 de noviembre de 2009

Lo que los Antimormones no te dicen ... Los cambios hechos al Libro de Mormón

Por Jack R. Christianson

Pregunta: ¿Cómo puede el Libro de Mormón ser el libro más correcto o más perfecto en la tierra si tantos cambios han sido hechos cambios en su texto?

Respuesta: José Smith dijo que el Libro de Mormón era el libro más correcto sobre la tierra. Él dijo, “Declaré a los hermanos que el Libro de Mormón era el más correcto de todos los libros sobre la tierra, y la clave de nuestra religión; y que un hombre se acercaría más a Dios al seguir sus preceptos que los de cualquier otro libro” (Smith, History of the Church, 4:461; introducción en el Libro de Mormón). Ya se discutió el hecho de que si el Libro de Mormón es un fraude, entonces la Iglesia y José Smith son fraudes también. La Iglesia se sostiene o se derrumba en la veracidad del Libro de Mormón. Por lo tanto, es la clave de nuestra religión. Pero, hay un principio clave que aclarará la respuesta en las palabras “al seguir sus preceptos.” El mensaje que José Smith dio es que al vivir lo que se enseña es lo que hace correcto al libro. El autor George Horton aclara este principio cuando declara:
“Entendiendo la naturaleza de miles de pequeños cambios en el Libro de Mormón puede ser útil e interesante. En realidad, aunque, la clase de exactitud estilística lograda con estos cambios tiene poco que ver con lo que José quiso decir cuando llamó al Libro de Mormón ‘el más correcto de todos los libros sobre la tierra” (History of the Church, 4:461.) Su concepto de correcto no tenía nada que ver con las normas reconocidas de gramática, ortografía o puntuación.”
“Buscar una definición de la palabra correcto como era reconocida durante el tiempo de José Smith, podría ser ilustrativo. El diccionario Webster de 1828 American Dictionary of the English Language define correcto como “literalmente, arreglar, o hecho correctamente. Por tanto, correcto: conforme a la verdad, rectitud o propiedad, o conforme a una norma justa…. Los modales correctos corresponden con la moralidad y nociones captadas de decoro… principios correctos coinciden con la verdad” (Understanding Textual Changes in the Book of Mormon,” página 28).
De acuerdo con este concepto, el Libro de Mormón seguramente satisface la prueba de la exactitud, porque sus principios coinciden con la verdad. Y, como José Smith mismo explicó, la prueba final de su exactitud está en las vidas de aquellos quienes emplean sus principios en sus vidas. Verdaderamente, él prometió que podemos “acercarnos más a Dios al seguir sus preceptos que los de cualquier otro libro” (Smith, History of the Church, 4:461).
Por supuesto que han habido miles de cambios hechos en el Libro de Mormón. Sólo en puntuación y gramática han habido de treinta a treinta y cinco mil cambios. Se debe recordar que aunque José Smith fue el traductor del Libro de Mormón, la ortografía en la primera edición fue de Oliver Cowdery, y la puntuación la hizo John H. Gilbert, quien era un tipógrafo. Gilbert trabajó para E. B. Grandin y era un no-mormón. Él se tomó gran libertad con el texto y con la interpretación de la letra de Oliver Cowdery. Como resultado, se necesitaron hacer muchos cambios para lograr que el texto se leyera como el documento original. También, la ortografía y la gramática de este período de tiempo en Estados Unidos, no tenían reglas particulares y no estaban reguladas en 1829. Debido que han habido tantos cambios en el texto desde la edición de 1830 a la edición actual de 1981, se han incluido algunas citas importantes del artículo de Horton más adelante, “Understanding Textual Changes in the Book of Mormon” (Entendiendo los cambios textuales en el Libro de Mormón). El artículo cubre la historia de varias ediciones del Libro de Mormón, la ortografía y gramática del inglés estadounidense en 1829, los cambios principales en las varias ediciones, y el concepto de exactitud como se trató anteriormente.
Horton escribió sobre los cambios principales en las varias ediciones del Libro de Mormón, como, “También necesitamos recordar que Oliver Cowdery escribió lo que oyó. Muchas de las palabras – los nombres de nefitas y lamanitas, por ejemplo – eran sido desconocidas para Oliver. José aparentemente tuvo que corregir algunos de esos sustantivos propios. Hay que tener en cuenta también, que dos palabras distintas ‘strait‘ y ‘straight‘ sonarían exactamente igual cuando José las dictó. Pero Oliver escribió las dos palabras como ‘straight’ cada vez. En diez lugares, se tuvo que corregir ‘straight‘ para que se leyera ‘strait‘ (Nota del traductor: se han dejado las palabras en inglés para una mejor comprensión de las correcciones en el idioma original del manuscrito).
“La letra de Oliver también presentó un desafío especial para el tipógrafo. Su letra R (que parecía como una ‘Palmer’ R) y su letra N eran difíciles de distinguir, así como su letra B y L. Así en la primera edición, Gadiantón fue mal identificado como ‘the nobler‘ (el noble, en español), en lugar de ‘the robber’ (el ladrón, es español). De manera similar, el tipógrafo aparentemente confundió las letras RM como UN. Así en 1 Nefi 13 [1 Ne.13], donde se leía en el manuscrito original ‘formation‘ (formación), el tipógrafo lo malinterpretó como ‘founation.’ Entonces, pensó que le faltaba la letra d, y se la agregó, dejando ‘foundation‘ (fundación). En la edición de 1981, la palabra foundation ha sido corregida para que se lea formation, como estaba previsto originalmente.
“Muchos otros errores de ortografía parecen haber sido estrictamente tipográficos, por ejemplo, aaswer (correcto en inglés: answer), amog (among), bacause (because), daghter (daughter), mnltitude (multitude), theit (their), y uttered (utter).
“Otra error común ocurrió al copiar, cuando la vista del tipógrafo momentáneamente se alejó de la página. Entonces, cuando continuaba leyendo, escogía el texto en un punto diferente donde las palabras eran muy similares. El ejemplo más significativo de esto, es la omisión de treinta y cinco palabras en Alma 32:30, donde las palabras semilla, buena, brota, empieza y crecer son palabras comunes en dos partes del versículo.
“Algunas de las palabras que se cree que Oliver Cowdery escribió mal, son realmente variantes legítimas que se encuentran en el venerable Oxford English Dictionary (Diccionario Inglés Oxford). Se consideran como tales: adhear, adultry, babtized, befal, burthensome, centre, condescention, devlish, fraid, phrensied, y sepulcher.
“Pero la mayoría de los cambios comunes no han sido en ortografía, si no en gramática. Por ejemplo, han habido 891 cambios de ‘which‘ (cual) a ‘who‘ (quien), 177 cambios de ‘exceeding‘ (excediendo) a ‘exceedingly‘ (sumamente, extremadamente). Muchos cambios implicaron un cambio en el número o tiempo de los verbos. Was (singular: era, fue) fue cambiado a ‘were‘ (plural: eran, fueron) 167 veces; ‘is‘ (singular: es) fue cambiado a ‘are‘ (plural: son), y ‘done‘ (hecho, pasado participio) a ‘did‘ (pasado simple) 10 veces.
“Otros pocos cambios relacionados con el significado parecen ser más importantes. En 2 Nefi 30:6, aparece la palabra ‘white‘ (blanco) en las ediciones de 1830 y 1837. José cambió esta palabra a ‘pure‘ (puro) en la edición de 1840. Pero más tarde, en las ediciones norteamericanas no aparece este cambio debido a que se guiaron por la primera edición europea y la edición de 1837. Esta corrección del profeta finalmente ha sido restaurada en la edición de 1981.
“En Mosíah 21:38 y Éter 4:1, en la primera edición la palabra “Benjamín” estaba donde ahora aparece el nombre de Mosíah. De hecho, el Rey Benjamín no hubiera podido seguir vivo en el período histórico descrito en estos versículos. En la edición de 1837, el profeta José hizo esta corrección.
“Sólo se puede especular sobre la causa de este error. El erudito del Libro de Mormón, Sidney B. Sperry, ha planteado esta interesante pregunta: “¿Fue esto un lapsus inadvertido de parte de José Smith cuando dictaba a Oliver Cowdery, o tradujo correctamente un error original de Mormón, el compilador del Libro de Mormón? (The Problems of the Book of Mormon, Salt Lake City: Bookcraft, 1964, página 203).
“Al pasar los años, unas cien eliminaciones también han sido hechas, principalmente para mejorar el libro gramáticalmente. Las palabras más comunes que han sido eliminadas son ‘that‘ (188 veces), ‘the‘ (48 veces), ‘it came to pass‘ (46 veces), ‘a‘ y ‘and‘ (40 veces), y ‘had‘ (29 veces).
“Las añadiduras o adiciones han sido menos numerosas, probablemente menos de cien. Por ejemplo, la palabra ‘of‘ fue agregada 12 veces, las palabras ‘and, is, the‘ se agregaron 7 veces. Algunas adiciones simplemente resultaron al reorganizar partes de una oración o restituir palabras suprimidas inadvertidamente en las primeras ediciones. Estas no son “verdaderas” adiciones.
“En algunas partes, sin embargo, José Smith intencionalmente añadió al texto para aclarar un punto. Una ilustración es las palabas agregadas ‘el hijo de‘ en 1 Nefi 11:21,32 y 13:40. El texto estaría correcto con o sin las palabras adicionales, pero la adición ayuda al lector a evitar malentendidos” (para más explicaciones de los numerosos cambios hechos en las varias ediciones del Libro de Mormón, véase, Horton, “Understanding Textual Changes in the Book of Mormon,” Ensign, Diciembre 1983, páginas 24-28).
Se debe recordar que Moroni, en la portada del Libro de Mormón, escribió a todos los lectores del libro, “Y ahora bien, si hay faltas, éstas son equivocaciones de los hombres; por tanto, no condenéis las cosas de Dios, para que aparezcáis sin mancha ante el tribunal de Cristo.” Se aprende en Éter 12:23-27, que este mismo Moroni estaba preocupado, mientras escribía esta parte de los anales, que “los gentiles se burlarán de estas cosas, debido a nuestra debilidad en escribir; porque tú, Señor, nos has hecho fuertes en palabras por la fe, pero no nos has hecho fuertes para escribir.” Él continuó, “Cuando escribimos, vemos nuestra debilidad, y tropezamos por la manera de colocar nuestras palabras; y temo que los gentiles se burlen de nuestras palabras.” El Señor respondió a Moroni, asegurándole, “Los insensatos hacen burla, mas se lamentarán; y mi gracia es suficiente para los mansos, para que no saquen provecho de vuestra debilidad.” Es necesario que seamos mansos y humildes mientras estudiamos el Libro de Mormón. Entonces la gracia del Señor será suficiente para cada uno de nosotros.

viernes, 13 de noviembre de 2009

Lo que los Antimormones no te dicen ... Nadie debe agregar a la Biblia


Por Jack R. Christianson

La acusación: El Libro de Mormón viola el decreto dado por Juan el Revelador que ningún hombre puede agregar o suprimir de la Biblia (véase Apocalipsis 22:18-19).

La respuesta: Por la Biblia entendemos la colección de escritos que tienen los registros de revelación divina. La palabra misma es de origen griego, siendo derivada de ta biblia, “los libros.” A medida que pasa el tiempo biblia, un plural neutro, fue considerada como un singular femenino, y de esa manera “los libros” llegaron a conocerse como “el libro.” Por la palabra Biblia, por consiguiente, debemos entenderla no como un solo libro, sino que como una biblioteca divina (véase LDS Bible Dictionary, página 622). Otras palabras que vienen de las mismas raíces son biblioteca y bibliografía, ambas se refieren a una recopilación de libros, no a un solo volumen.
El libro a que se refiere Apocalipsis 22:18-19 no es la Biblia, si no que es el mismo libro de Apocalipsis. La Biblia no se llegó a conocer como tal hasta en el año 325 d. C. en el concilio de Nicaea, cuando se principió un trabajo para canonizar las “escrituras.” Se cree que estuvieron completas en el 360 d.C en el concilio de Laodocia. La Septuaginta fue aceptada para el Antiguo Testamento, y el criterio para el Nuevo Testamento fue que los libros hubieran sido escritos por uno de los apóstoles de Jesús o hubieran sido escritos durante el tiempo de los apóstoles.
Algunos creen que el libro de Apocalipsis fue recopilado aproximadamente durante los años 95-96 d. C. por el apóstol Juan en la Isla de Patmos. Otros eruditos creen que la época de haberlo escrito está más cercana a los años 60-710 d. C. Cualquiera grupo está correcto, los eruditos todavía sitúan los escritos de Apocalipsis mucho antes que los concilios canonizaran el libro como escritura y lo agregaran a la Santa Biblia. Hay una creencia común, que Juan estaba escribiendo futuristicamente y por consiguiente, significa que la Biblia entera también lo estaba. Sin embargo, tal pensamiento no cuadra con varias religiones que valoran a la Biblia como escritura. Si fuera verdad, entonces mucho de la Biblia sería inválido como escritura porque Moisés, escribiendo sobre sus enseñanzas y no en la Biblia como un todo, declaró, “No añadiréis a la palabra que yo os mando, ni disminuiréis de ella, para que guardéis los mandamientos de Jehová vuestro Dios que yo os ordeno” (Deuteronomio 4:2).
Con este entendimiento, se puede ver que el Libro de Mormón en realidad, apoya la idea de no agregar o suprimir algo del libro de Apocalipsis. En 1 Nefi 14, a un profeta llamado Nefi se le mostró una visión del futuro del mundo, pero se le prohibió escribir todo lo que él vio, porque a él le dieron instrucciones que ese sería el trabajo de un Juan, quien escribiría la “revelación” en el futuro. El Libro de Mormón declara:
“Y aconteció que el ángel me habló, diciendo: ¡Mira!”
“Y miré, y vi a un hombre que estaba vestido con un manto blanco.”
“Y el ángel me dijo: ¡He ahí uno de los doce apóstoles del Cordero!”
“He aquí, él verá y escribirá el resto de estas cosas; sí, y también muchas que han sucedido.”
“Y escribirá también sobre el fin del mundo.”
“Por tanto, las cosas que él escriba son justas y verdaderas; y he aquí, están escritas en el libro que tú has visto salir de la boca del judío. Y en la época en que salieron de la boca del judío, o sea, cuando el libro salió de la boca del judío, las cosas que estaban escritas eran claras y puras, y las más preciosas y fáciles para el entendimiento de todos los hombres.”
“Y he aquí, las cosas que este apóstol del Cordero escribirá son muchas de las que tú ya has visto; y he aquí, el resto tú lo verás.”
“Pero las que verás en adelante, no escribirás; porque el Señor Dios ha ordenado que las escriba el apóstol del Cordero de Dios.”
“Y ha habido también otros a quienes el Señor ha mostrado todas las cosas, y las han escrito; y han sido selladas, según la verdad que está en el Cordero, para aparecer en su pureza a la casa de Israel en el propio y debido tiempo del Señor.”
“Y yo, Nefi, oí, y testifico que el nombre del apóstol del Cordero era Juan, según la palabra del ángel.”
“Y he aquí que a mí, Nefi, se me prohíbe escribir el resto de las cosas que vi y oí; por lo que me basta con las que he escrito; y no he escrito más que una pequeña parte de lo que vi” (1 Nefi 14:18-28).

El Libro de Mormon, entonces, en lugar de agregar o suprimir de la Biblia, es un testamento que la Biblia es verdadera. Doctrina y Convenios, otro libro de escrituras Santo de los Últimos Días, enseña que uno de los propósitos principales del Libro de Mormón es testificar al mundo que la Biblia es verdadera y es la palabra de Dios, “probando al mundo que las Santas Escrituras son verdaderas, y que Dios inspira a los hombres y los llama a su santa obra en esta edad y generación, así como en las antiguas; demostrando por este medio que él es el mismo Dios ayer, hoy y para siempre. Amén” (D y C. 20:11-12).
El Libro de Mormón testifica esta misma verdad. Testifica que su propósito es uno, junto con otras escrituras Santos de los Últimos Días (Doctrina y Convenios, Perla del Gran Precio, y la traducción de José Smith de la Biblia), y las enseñanzas de apóstoles y profetas modernos, es testificar que la Biblia es verdadera y debería seguirse en la vida como un modelo para vivir. Declara:
“Y aconteció que vi al resto de la posteridad de mis hermanos, y también vi que el libro del Cordero de Dios, que había salido de la boca del judío, llegó de los gentiles al resto de la posteridad de mis hermanos.”
“Y después que hubo llegado a ellos, vi otros libros que vinieron por el poder del Cordero, de los gentiles a ellos, para convencer a los gentiles y al resto de la posteridad de mis hermanos, y también a los judíos que se encontraban esparcidos sobre toda la superficie de la tierra, de que los escritos de los profetas y de los doce apóstoles del Cordero son verdaderos” (1 Nefi 13: 38-39).
El Libro de Mormón está lleno de referencias de la veracidad de la Biblia y de ninguna manera extrae de ella o le agrega. Testica de ella. Para más enseñanzas del Libro de Mormón relacionadas con la Biblia, véase 1 Nefi 13:20-29, 40-41; 2 Nefi 29:3-14; 3 Nefi 23:1; y Mormón 7:8-9.
La Biblia también contiene pasajes de escrituras que se refieren al Libro de Mormón. Algunos lectores pueden no estar de acuerdo que estos versículos están hablando del Libro de Mormón, pero si no están refiriéndose al Libro de Mormón, entonces se están refiriendo a otras escrituras desconocidas. La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días declara que éstos se refieren al Libro de Mormón.
El gran profeta del Antiguo Testamento, Isaías previó la aparición del Libro de Mormón. Él escribió de la destrucción de la nación nefita y cómo los anales de los nefitas saldrían de la tierra, o del “polvo”. Él dijo, “Entonces serás humillada, hablarás desde la tierra, y tu habla saldrá del polvo; y será tu voz de la tierra como la de un fantasma, y tu habla susurrará desde el polvo” (Isaías 29:4). Esto es precisamente lo que ocurrió.
Los nefitas fueron aniquilados, pero sus anales fueron preservados y traídos “fuera de la tierra” por José Smith. Además, Isaías profetizó de un incidente involucrando a José Smith y Martin Harris durante la traducción del Libro de Mormón. Martin llevó algunos de los caracteres traducidos a un notable egiptólogo, profesor Charles Anthon. El profesor Anthon, luego de examinar los caracteres, “manifestó que la traducción era correcta y más exacta que cualquiera otra que hasta entonces había visto del idioma egipcio.” Martin entonces le mostró otros caracteres que aún no estaban traducidos, y dijo que eran “auténticos.” Sin embargo, cuando el profesor Anthon supo que los anales habían sido entregados a José Smith por “un ángel de Dios,” él rompió el certificado de autenticidad firmado y contestó, “No puedo leer un libro sellado.” Entonces le pidió a Martin que le llevara las planchas y él las traduciría. Martin rehusó y llevó los caracteres a un doctor Mitchell, quien certificó ambas cosas que el profesor Anthon había dicho, “respecto de los caracteres, así como de la traducción” (José Smith – Historia 1:62-65).
Isaías escribió de este incidente. Se han intercalado los nombres y el Libro de Mormón para tener claridad. Isaías dijo:
“Y os será toda visión como palabras de libro [el Libro de Mormón] sellado, el cual si dieren [Martin Harris] al que sabe leer [profesor Anthon], y le dijeren: Lee ahora esto; él dirá: No puedo, porque está sellado.[Dos terceras partes de las planchas de oro estaban selladas, y se le prohibió a José traducirlas.]“
“Y si se diere el libro [el Libro de Mormón] al que no sabe leer [José Smith], diciéndole: Lee ahora esto; él dirá: No sé leer.”
“Dice, pues, el Señor: Porque este pueblo se acerca a mí con su boca, y con sus labios me honra, pero su corazón está lejos de mí, y su temor de mí no es más que un mandamiento de hombres que les ha sido enseñado;
“por tanto, he aquí que nuevamente excitaré yo la admiración de este pueblo con un prodigio grande y espantoso [trayendo a luz el Libro de Mormón y la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días]; porque perecerá la sabiduría de sus sabios, y se desvanecerá la inteligencia de sus entendidos.
“¡Ay de los que se esconden de Jehová, encubriendo el consejo, y sus obras están en tinieblas, y dicen: ¿Quién nos ve, y quién nos conoce?
“Vuestra perversidad ciertamente será reputada como el barro del alfarero. ¿Acaso la obra dirá de su hacedor: No me hizo? ¿Dirá la vasija de aquel que la ha formado: No entendió?
“¿No se convertirá de aquí a muy poco tiempo el Líbano en campo fructífero, y el campo fértil será estimado por bosque?
“En aquel tiempo los sordos oirán las palabras del libro [el Libro de Mormón], y los ojos de los ciegos verán en medio de la oscuridad y de las tinieblas” (Isaías 29:11-18).
Isaías no es el único profeta del Antiguo Testamento que profetizó sobre la aparición del Libro de Mormón. Ezequiel previó que Dios prepararía dos anales para reunir en casa al esparcido Israel de su larga dispersión. Uno fue el palo de Judá (la Biblia), y el otro fue el palo de José (el Libro de Mormón). Él dijo que los dos anales serían unidos, “y serán uno solo en tu mano.” Respecto al uso de la palabra palo en el Antiguo Testamento, ha habido algunas especulaciones que si los palos mencionados por Ezequiel eran rollos o palos altos o tablas escritas enceradas (véase Meservy, “Ezekiel’s Sticks and the Gathering of Israel,” páginas 4-13; Nibley, An Approach to the Book of Mormón, páginas 279-81). Sin importar lo que eran en el tiempo de Ezequiel, ahora representan la Biblia y el Libro de Mormón, trabajando juntos en “una mano” para llevar la plenitud del evangelio de Cristo a las personas de la tierra. Ezequiel escribió:
“Vino a mí palabra de Jehová, diciendo: Hijo de hombre, toma ahora un palo, y escribe en él: Para Judá, y para los hijos de Israel sus compañeros. Toma después otro palo, y escribe en él: Para José, palo de Efraín, y para toda la casa de Israel sus compañeros.”
“Júntalos luego el uno con el otro, para que sean uno solo, y serán uno solo en tu mano.
“Y cuando te pregunten los hijos de tu pueblo, diciendo: ¿No nos enseñarás qué te propones con eso?
“diles: Así ha dicho Jehová el Señor: He aquí, yo tomo el palo de José que está en la mano de Efraín, y a las tribus de Israel sus compañeros, y los pondré con el palo de Judá, y los haré un solo palo, y serán uno en mi mano.” (Ezequiel 37-15-19).
El evangelio de Juan registra a Jesús cuando dijo que tenía otras ovejas que no eran de ese redil y alrededor de Jerusalén (véase Juan 10:15-16). ¿Estaba Jesús testificando de las personas del Libro de Mormón y otras de las tribus perdidas de la Casa de Israel? El Libro de Mormón registra que precisamente a estos son a quienes Jesús se refirió (véase 3 Nefi 15:16-24). El Libro de Mormón revela que todas las personas, aquellas en el viejo mundo así como las del nuevo mundo, son valiosas para Él, y Él desea que todas sean uno. Él desea que sean “un rebaño” y tengan “un pastor.” En 3 Nefi 15:21, Jesús declaró a los habitantes de la tierra de Abundancia, después de Su resurrección en Palestina, “Y de cierto os digo que vosotros sois aquellos de quienes dije: Tengo otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también debo yo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño y un pastor.”
La última escritura de la Biblia que se discutirá, referente al Libro de Mormón está en Apocalipsis 14:6-7. Se lee así: “Vi volar por medio del cielo a otro ángel, que tenía el evangelio eterno para predicarlo a los moradores de la tierra, a toda nación, tribu, lengua y pueblo,
“diciendo a gran voz: Temed a Dios, dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado; y adorad a aquel que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas.”
Los miembros de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días “identifican este ángel como Moroni, guardián de los anales de José y poseedor de ‘las llaves de los anales del palo de Efraín’ (Doctrina y Convenios 27:5). Moroni anunció la restauración y preparó a José Smith para su función de sacar adelante el gran trabajo de Dios en los últimos días” (Book of Mormon Reference Companion, página 95).
El Libro de Mormón, entonces, no está en desacuerdo del todo con la Biblia. Es una escritura acompañante que testifica que la Biblia es verdadera y que Jesús es el Cristo. No agrega al libro de Apocalipsis, ni le suprime nada. La acusación que el Libro de Mormón viola el decreto de Juan en Apocalipsis 22:18-19, simplemente no está fundamentada y no es verdadera.

sábado, 7 de noviembre de 2009

Lo que los Antimormones no te dicen ... No existe evidencia arqueologica

Por Jack R. Christianson

La acusación: No hay evidencia arqueológica que la gente del Libro de Mormón o los lugares geográficos alguna vez existieron.

La respuesta: Cada vez que uno se enfrenta con esta acusación o se presenta en una película, se queda asombrado. Razonablemente, personas respetables de toda la tierra declaran que no hay prueba que permita una creencia en el Libro de Mormón. Afirman que no hay evidencia arqueológica que pueda confirmar la historia de José Smith de la aparición del Libro de Mormón. Aunque muchas de estas mismas personas declaran tener una creencia en un Dios, y que no hay evidencia arqueológica para probar lo que creen. (La tierra misma es evidencia de Su existencia).
“Todas las cosas indican que hay un Dios, sí, aun la tierra y todo cuanto hay sobre ella, sí, y su movimiento, sí, y también todos los planetas que se mueven en su orden regular testifican que hay un Creador Supremo” (Alma 30:44). Sin embargo, nada de eso es de naturaleza arqueológica; al contrario, es espiritual. Millones continúan creyendo en Dios y adorándolo como el centro de sus vidas sin evidencia arqueológica. ¿Por qué es tan difícil hacer lo mismo con el Libro de Mormón?
La existencia misma del Libro de Mormón es su mejor evidencia de autenticidad. El único hecho que tiene que aceptar quien se burla, es que el libro existe y millones se apegan a sus enseñanzas. John E. Clark, un profesor de antropología, sugiere, “para los investigadores de mente abierta, la existencia del libro y la notable consistencia de su narrativa, son suficientes motivos para tomar el libro seriamente y considerar su veracidad. Pero la pregunta final sobre la veracidad es espiritual, necesitando fe para la posibilidad de una respuesta espiritual de una fuente divina” (Book of Mormon Reference Companion, página 72). Aquellos que son sinceros en su investigación llegan a conocer por sí mismos si el Libro de Mormón es verdadero. Pueden seguir la promesa que se encuentra al final del libro, en Moroni 10:3-5, la cual se lee:
“He aquí, quisiera exhortaros a que, cuando leáis estas cosas, si Dios juzga prudente que las leáis, recordéis cuán misericordioso ha sido el Señor con los hijos de los hombres, desde la creación de Adán hasta el tiempo en que recibáis estas cosas, y que lo meditéis en vuestros corazones.”
“Y cuando recibáis estas cosas, quisiera exhortaros a que preguntéis a Dios el Eterno Padre, en el nombre de Cristo, si no son verdaderas estas cosas; y si pedís con un corazón sincero, con verdadera intención, teniendo efe en Cristo, él os manifestará la verdad de ellas por el poder del Espíritu Santo;”
“y por el poder del Espíritu Santo podréis conocer la verdad de todas las cosas.”
Clark declara además, “Los creyentes que se basan en evidencias físicas confunden la base real de su creencia. El testimonio terrenal sigue al celestial” (Ibid).
Habiendo establecido el fundamento por el hecho que la única manera que se puede saber la veracidad del Libro de Mormón es por una fuente celestial, ahora se puede discutir algunas de las evidencias arqueológicas que existen. La arqueología, por supuesto, es el estudio de los restos materiales dejados por civilizaciones pasadas y su gente. Los arqueólogos tienen la enorme tarea de encontrar evidencia convincente y verificable de lo que se describe y escribe en el texto de estudio. Esta no es una tarea fácil para la Biblia o el Libro de Mormón. Existen numerosos problemas al tratar de hacerlo.
En 1830, cuando el Libro de Mormón salió de la imprenta, muchos de los hallazgos arqueológicos de ahora en Norte, Centro y Suramérica no habían sido descubiertos. Desde ese tiempo, numerosas ciudades han sido desenterradas, junto con evidencia de civilizaciones anteriores. Muchos de los debates sobre evidencia arqueológica han surgido porque artículos específicos de importancia no han sido descubiertos, aunque sí otros muchos. Según el autor John Sorenson, ha habido cantidad masiva de indicios de evidencia geográfica, histórica y cultural, mientras se buscan las evidencias individuales más pequeñas. Él indica que la geografía física al sur de México y Guatemala, incluyendo las montañas, colinas, ríos, planicies, tierras de labranza, tierras ociosas, océanos, etcétera, han demostrado que coinciden bien con la narrativa del Libro de Mormón (véase Book of Mormon Reference Companion, página 71).
La piedra Estela 5 encontrada en el sur de México se estima que data entre los años 200 a. C y 300 a. C La piedra describe una escena concurrida de humanos y otros seres, rodeando un árbol frutal grande. Muchos eruditos SUD creen que el árbol es una representación del árbol de la vida en 1 Nefi 8 y 11. Otros no están de acuerdo porque no hay ninguna explicación escrita de la piedra y creen que esta interpretación debería dejarse abierta para una interpretación más amplia. Con una interpretación amplia o sin ella, el punto es una piedra grande ha sido descubierta que representa escenas de una de las historias principales contenidas en el Libro de Mormón.
Hay artículos similares y animales mencionados en el Libro de Mormón que provocan a los eruditos a debatir la existencia de las personas del Libro de Mormón, que vivían en las Américas y que están descritas en el libro. Ellos incluyen a las personas poseyendo caballos, elefantes, seda, hierro, acero y planchas de oro (véase Book of Mormon Reference Companion, página 71). La pregunta acerca de dónde están las planchas de oro hoy en día, será discutida más adelante.
¿Qué hacen aquellos quienes afirman que no hay evidencia arqueológica del Libro de Mormón con el relato común que tienen gran número de personas en las Américas, así como las culturas y civilizaciones pasadas, sobre la visita de un gran Dios blanco a sus antepasados? La leyenda de Quetzalcoatl, el dios blanco, barbado, quien visitó las Américas, se tiene entre mucha gente y hay varias versiones del relato. El nombre Quetzalcoatl es el nombre de una deidad prominente y rey del antiguo México. Significa serpiente emplumada. La tradición se tenía entre la gente maya y azteca, se encuentra mencionada en registros tan lejanos como en los años 1000-500 a.C. (véase, Allen, Book of Mormon Reference Companion, página 668).
El acontecimiento supremo en el Libro de Mormón se encuentra en Tercer Nefi, capítulos 11-28, cuando el Salvador resucitado, Jesucristo, desciende del cielo y enseña a las personas del Libro de Mormón por varios días en las Américas, en el año 34 d.C. Él bendice y sana a sus enfermos, realiza milagros y da un sermón parecido al Sermón del Monte. Él llama a doce apóstoles y establece Su iglesia de la misma forma como Él lo hizo en el Nuevo Testamento. Es difícil encontrar una explicación convincente de las tradiciones de las personas en las Américas y el hermoso relato contenido en el Libro de Mormón.
De nuevo, John E. Clark, refiriéndose al trabajo de John Sorenson, explica:
“De manera similar, muchos de los elementos culturales, prácticas, metáforas y alusiones en la última parte del Libro de Mormón parecen ser mesoamericanos. Incluyen tales cosas como escribir y guardar registros, canibalismo, guerra a gran escala, sacrificio humano, conquista de ciudades por medio de la captura de la “torre” principal, o pirámide (Moroni 9:7), armamento de combate, armadura de algodón (Alma 49:6), metáforas del semblante de dios en estatuas (Alma 5), representaciones de árboles saliendo de corazones humanos (Alma 32), un sistema direccional de cuatro partes, creencias paganas de dioses que habitaban bajo tierra (Alma 18:31), y muchos otros puntos (véase Sorenson, Images). Además, la cronología del auge y caída de la gente civilizada, la relativa ubicación de estas civilizaciones, y las fluctuaciones extremas en las poblaciones registradas en el Libro de Mormón, corresponden razonablemente bien con aquellas reconstruidas arqueológicamente en los pasados treinta años en Mesoamérica, México y Centro América” (Book of Mormon Reference Companion, página 71).
De nuevo, uno de los mayores problemas encontrados al buscar evidencia arqueológica para tratar de probar la validez de un texto espiritual, es usar humanos y normas de juicio terrenales para tratar de probar escritos celestiales y espirituales. El presidente Gordon B. Hinckley puso el asunto en términos espirituales cuando dijo, “La evidencia de la verdad del Libro de Mormón, para su validez en un mundo que es propenso a demandar evidencia, no se encuentra en la arqueología o antropología, aunque esto puede ser útil para algunos. No se encuentra en la investigación de palabras o en el análisis histórico, aunque estos pueden confirmarlo. La evidencia de su verdad y validez se encuentra dentro de las cubiertas del libro mismo. La prueba de su verdad se encuentra leyéndolo” (”The Cornestones of Our Faith,” página 52).