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"y estad siempre preparados para responder con mansedumbre y reverencia a cada uno que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros".
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martes, 19 de noviembre de 2013

Por sus frutos lo conoceréis: José Smith (parte 6)


Por Admin

José Smith era un hombre honrado y como Profeta enseñaba con el ejemplo.

Sarah M. Pomeroy registro el siguiente suceso:

"Mi padre, Thomas Colborn, miembro del Campo de Sion y gran conocido del Profeta José, se mudo con su familia del estado de Nueva York a Nauvoo, durante la primavera de 1843. Yo tenia en ese entonces nueve años. Al llegar, nos instalamos cerca del rió en una pequeña cabaña de troncos, cerca de la casa de piedra de Hilbert. Al día siguiente de nuestra llegada, yo me encontraba en el patio, cuando un caballero llego cabalgando y pregunto por Thomas Colborn. Claro esta que yo no sabia de quien se trataba, pero había algo tan noble y digno en su apariencia que me impresiono profundamente.

Mi padre salio enseguida y le estrecho cordialmente la mano y lo llamo hermano José. Entonces supe que se trataba del Profeta. Papa lo invito a entrar y el desmonto y lo siguió hasta la casa. Inmediatamente el nos dijo a que venia.

Era aquella una época de gran alteración. El profeta había sido falsamente acusado de atento de asesinato en contra del gobernador Boggs, de Misuri. El populacho había tratado por todos los medios de apresarlo y alardeaban que si lo agarraban no retrasaría vivo. Porter Rockwell, un verdadero amigo de José, había sido secuestrado y llevado a Misuri, acusado de ser su complice, y estaba a punto de ser juzgado por un tribunal, pero no había dinero suficiente con que pagar a los abogados. José le solicito a mi padre que le prestara cien dolares para pagar al abogado que defendería a Porter Rockwell. El le explico la situación, y papa, sin dudarlo, contó el dinero. Se lo revolveré en tres días, si estoy vivo, dijo el Profeta y partió.

Mi tía, la hermana de mi padre, que acampaba con nosotros, se enojo mucho y le dijo a papa que había sido muy tonto e imprudente. Ten por seguro, Thomas dijo ella, que no veras nunca mas un solo centavo de ese dinero. Tu familia no tiene casa y tu tiras el dinero.

No te preocupes, Katie, replico mi padre, si el no puede pagarme, con mucho gusto se lo doy. Esa conversión tuvo lugar delante de nosotros, los niños, y yo pensé seriamente en ella. ¿El pagaría o no? Pero yo tenia una gran fe de que si lo haría.

Llego el día que se tenia que hacer el pago. Un día frió, húmedo y lluvioso. Y paso el día y llego la noche; las 09:00, las 10:00, y al fin todos nos fuimos a acostar. Poco después se oyó que llamaban a la puerta. Papa se levanto y fue a ver y allí, en medio de la lluvia torrencial, estaba el Profeta José.

Aquí tiene el dinero, hermano Thomas. Se encendio una luz y sentado a la mesa, el contó cien dolares en oro. Luego dijo: Hermano Thomas, durante todo el día he estado tratando de juntar este dinero, ya que mi honor estaba en juego. Dios lo bendiga.

Mi tía no tuvo nada que decir y mas tarde dejo la Iglesia. testifico que José Smith era un verdadero Profeta de Dios. Ese incidente que acabo de relatar fortaleció mi testimonio" [1]

[1] Young Womans Journal, diciembre de 1906. Pags. 538-539. - They Knew the prophet Pags. 171-172.

Por sus frutos lo conoceréis: José Smith (parte 5)


Por Admin.
  
 
Muchas personas que conocieron al profeta José Smith recordaron por largo tiempo la bondad que el les demostró. En el ocaso de su vida, Margarette McIntire Burgess recordó:

"Un día, mi hermano mayor y yo íbamos camino a la escuela y pasamos cerca del edificio conocido como la tienda de ladrillo de Jose [en Nauvoo]. El día anterior había llovido bastante, haciendo que el suelo estuviera lleno de barro, especialmente a lo largo de esa calle. Mi hermano Wallace y yo quedamos atascados en el lodo y no podríamos salir y, al igual que todo niño hace, comenzamos a llorar, porque pensábamos que tendríamos que quedarnos allí. Pero al mirar hacia nuestro alrededor, vimos que el amigo amoroso de los niños, el Profeta José, se encaminaba hacia nosotros. Enseguida nos saco de donde estábamos y nos puso en un lugar seco y seguro. Después, se agacho y limpio el barro de nuestros zapatos, y saco un pañuelo de su bolsillo y nos limpio la cara llena de lágrimas. Nos hablo con mucho cariño, dándonos animo, y nos envió a la escuela llenos de regocijo. ¿Pueden ahora darse cuenta de por que yo quería tanto a ese gran, bueno y noble hombre de Dios? [1]

[1] Recollections of the Prophet Joseph Smith, Juvenile Instructor, 15 de enero de 1892, Pags. 66-67.
 

Por sus frutos lo conoceréis: José Smith (parte 4)


Por Admin.

Parte 3

Dos oficiales de la ley, burdos y sin principios, el agente de policía Harman T. Wilson de Carthage, Illinois, y el alguacil Joseph A. Reynolds del Condado de Jackson, Misuri, trataron de secuestrar al Profeta. En la historia de José Smith se registra:

Ellos llegaron a la casa del señor Wasson mientras la familia se encontraba a la mesa, comiendo, alrededor de las dos de la tarde; llamaron a la puerta y dijeron que eran elderes mormones y que deseaban ver al hermano José. Yo me encontraba en el patio trasero camino al granero cuando Wilson, que había llegado al final de la casa, me vio y comienzo a proferir palabras sumamente rudas y poco caballerescas; mientras tanto Reynolds se acerco a mi y me tomo del cuello. Inmediatamente los dos me apuntaron al pecho con sus pistolas amartilladas, sin mostrar ninguna orden judicial ni entregarme ninguna notificacion legal. Reynolds grito profiriendo una palabrota: Te juro que si te mueves, te disparo; te juro que si te mueves un centímetro, te disparo; quedate quieto o te juro que te disparo. ¿Que significa todo esto?, les pregunte. Maldiciendo de forma profana, el dijo: Yo te voy a domostrar que significa; y si te mueves un centímetro, te disparo. Yo le conteste: No tengo miedo de tus disparos; no tengo miedo de morir. Entonces me descubrí el pecho y les dije que dispararan. He padecido demasiada opresión, estoy cansado de vivir; matenme su así lo quieren. Sin embargo, soy un hombre fuerte y con mis armas naturales podria muy pronto derribarlos a ustedes dos; pero si tienen cualquier notificacion legal, como yo siempre me he sometido a la ley, no ofreceré resistencia. [Reynolds] respondió maldiciendo: Te juro que si pronuncias otra palabra te disparo. Yo le replique: Dispara, no tengo miedo de tus pistolas.

Para ese entonces, Stephen Markham se encontraba caminando deliberadamente hacia nosotros. Cuando ellos lo vieron acercarse, volvieron sus armas hacia el y lo amenazaron de muerte si llegaba a acercarse mas; pero el no presto atención a sus amenazas y siguió aproximandose. Entonces volvieron nuevamente a apuntarme con sus pistolas, incrustandomelas en el costado, con sus dedos en los gatillos . . .

Me metieron apresuradamente en una carretera sin darme ninguna notificacion legal; querían alejarse de ahí conmigo a toda prisa, sin permitir que se me despidiera de mis familiares y amigos, y sin siquiera darme tiempo para buscar mi sobrero y mi abrigo o dejar que mi esposa o mis hijos me los trajeran. Entonces les dije: Caballeros, si ustedes tienen alguna notificacion legal, deseo conseguir una orden judicial de habeas corpus, pero maldiciendome nuevamente con palabras soeces, me contestaron: No tendrá ninguna, y siguieron clavandome las pistolas en ambos costados.

Markham, entonces, de un salto sujeto a los caballos del bocado y no los dejo mover sino hasta que mi esposa pudiera alcanzarme mi sombrero y mi abrigo. Reynolds y wilson amenazaron de nuevo con disparar a Markham, que dijo: No hay ninguna ley en la tierra que obligue a que un alguacil se lleve a un prisionero sin su ropa . . . Le pedí a Markham que fuera [a buscar una orden de habeas corpus] y de inmediato el salio a caballo para Dixon, a donde el alguacil también me llevaba a todo galope, sin haberme permitido siquiera hablar con mi familia o decirles adios. Los oficiales mantuvieron las bocas de sus pistolas clavadas en mi costado por mas de 13 kilómetros y dejaron de hacerlo solo cuando Markham les reprocho su cobardía por tratar tan brutalmente a un prisionero indefenso . . .

Le dije nuevamente a Reynolds: Quiero ver a un abogado, pero el me contesto volviendo a maldecir: No vas a ver a abogado ninguno y una palabra mas y te disparo. ¿Porque me repiten lo mismo cada momento?, les dije. Les he dicho repetidamente que me disparen y les vuelvo a repetir lo mismo: Disparenme, pero no le dispararon ni el atentado de secuestro tuvo éxito; sin embargo, el hecho dejo en su piel un circulo amoratado de 46 centímetros de circunferencia en cada costado donde [le] habían clavado sus pistolas". [ 1]

William Taylor, hermano del presidente John Taylor, recordó una conversión que tuvo con José Smith en la casa del padre William, durante una época en que el Profeta se encontraba escondido de sus enemigos:

"Le dije en una ocasión:

Hermano José, ¿No siente temor cuando todos esos lobos hambrientos lo están persiguiendo?

Y el me contesto:

No, no siento temor; el Señor dijo que me protegería y yo confió plenamente en Su palabra" [2].

El profeta José Smith tenia fe en la promesa del Señor de que su misión se cumpliria a pesar de lo que los hombres hicieran (Vease D. y C. 122:4-9). En un discurso que pronuncio el 27 de agosto de 1843, el dijo:

"Desafio al mundo entero a que intenten destruir la obra de Dios; y profetizo que nunca tendrán el poder para matarme sino hasta que mi obra se cumpla y yo este listo para morir" [3].

 Cerca de un año después, cuando los enemigos del profeta lo acosaban y pedían su sangre, el decidió que seria prudente dejar Nauvoo, no solo por su propia seguridad sino también por la seguridad de los santos. El 23 de junio de 1844, su hermano Hyrum le explico a un amigo: 

"Un grupo de hombres buscan matar a mi hermano José y el Señor le ha advertido que huya  a las montañas Rocosas para salvar su vida" [4]

El 23 de junio, José y Hyrum habían cruzado el rió Misisipi hasta Iowa cuando les llego la noticia de que los motivos que el Profeta tenia de alejarse habían sido malinterpretados y de que algunos de sus amigos mas cercanos lo acusaban de cobardía. Esos amigos dijeron que era:

"Como la fabula, cuando los lobos llegaban, el pastor huía de la manada, dejando que las ovejas fueran devoradas. A lo que José contesto:

Si mi vida no tiene valor para mis amigos, no la tiene tampoco para mi" [5]

El y su hermano Hyrum regresaron a Nauvoo. Y murieron como mártires en Carthage, Illinois, el 27 de junio. 

[1] History of the Church, tomo V, Pags. 440-442; Vease tambien las paginas 443-445.
[2] Joseph Smith, the Prophet, Young Womans Journal, Diciembre de 1906, Pag. 548.
[3] History of the Church, Tomo VI, Pag. 58. 
[4] History of the Church, tomo VI, Pag. 547.  
[5] History of the Church tomo VI, pag. 549.

lunes, 18 de noviembre de 2013

Por sus frutos lo conoceréis: José Smith (parte 3)


Por Admin.

Parte 2

El profeta José Smith demostró gran valentía al enfrentarse al peligro. En su historia se registra un suceso que tuvo lugar mientras el y quienes le acompañaban viajaban a Washington, D. C., en noviembre de 1839:

"Mientras me hallaba en las montañas, a cierta distancia de Washington, nuestro cochero se bajo para entrar en una taberna y tomar una bebida alcohólica; en ese momento, los caballos se asustaron y salieron a toda carrera colina abajo. Conseguí persuadir a mis compañeros de viaje de quedarse tranquilos en sus asientos, aunque tuve que contener a una mujer a fin de evitar que arrojara a su niñito por la ventana. Los pasajeros estaban sumamente nerviosos, pero utilice todo mi poder de persuasión para calmarlos; luego, abriendo la portezuela, me afirme en el costado de la diligencia lo mejor que pude y así conseguí llegar hasta el asiento del cochero donde tome las riendas para detener a los caballos después que habían recorrido unos cuatro o cinco kilómetros; ni el coche, ni los pasajeros ni los caballos sufrieron daño alguno.

Mi acción se encomio con los términos mas halagadores como uno de los hechos mas valientes y heroicos, y los pasajeros no tenían palabras para expresarme su gratitud al encontrarse a salvo y ver que los caballos se habian sosegado. Entre nosotros había algunos miembros del Congreso que propusieron presentar la accion ante ese cuerpo legislativo, convencidos de que recompensarian públicamente tal conducta; pero después de preguntar mi nombre para mencionarme como la persona que les había salvado la vida, y enterarse de que era José Smith, el Profeta Mormón, como me llamaban, se acabaron las alabanzas, las muestras de gratitud y las menciones de una recompensa" [ 1]

[ 1] Vease la Historia de la Iglesia en la Dispensacion del Cumplimiento de los Tiempos, Guia para el maestro, Pag. 24.

Parte 4

Por sus frutos lo conoceréis: José Smith (Parte 2)


Por Admin.

Parte 1

Aun quienes previamente se sintieron prejuiciados en contra de el, muchas veces cambiaban de parecer después de conocer a José Smith. Su madre, Lucy Mack Smith, escribió acerca de un suceso así, que ocurrió en Far West Misuri, en 1838:

"José se encontraba en casa escribiendo una carta. Yo estaba de pie junto a la puerta de la habitación en la cual el se encontraba sentado, mientras dejaba que mi mirada se perdiera por la pradera, vi que una numerosa compañía de hombres armados se acercaba a la ciudad, pero supuse que se trataba de [ la milicia local] haciendo maniobras, y no dije nada a nadie.

De pronto observe que el grupo principal se detenía, los oficiales desmontaban y ocho de ellos se dirigían a casa. Pensando que deseaban algo para beber o comer, acomode algunas sillas para que se sentaran. Sin embargo, apenas entraron se colocaron en fila, de manera amenazadora, a través del cuarto, formados como una tropa de soldados. Cuando les dije que se sentaran, me respondieron: No queremos sentarnos; hemos venido a matar a Joe Smith y a todos los mormones.

Por que, les dije; ¿Que ha hecho José Smith para que ustedes quieran matarlo?

El ha matado a siete hombres en el condado de Daviess, contesto el de mas rango de ellos, y hemos venido a matarlo a el y a toda su Iglesia.

El no ha estado en el condado de Daviess, le respondí; por lo tanto, el informe debe ser falso. Además, si ustedes lo vieran, no querrían matarlo.
 
No tenemos ninguna duda de que el informe es perfectamente correcto, dijo el oficial; lo hemos recibido directamente y tengo la certeza de que es cierto; y se nos ha enviado a matar el Profeta y a todos los que crean en el, y juro que voy a cumplir mis ordenes.

Entonces, creo que va a tenerme que matar a mi junto con el resto, les respondí.

Si, así lo haremos, contesto.

Esta bien, le conteste, pero le ruego que actué como un caballero y lo haga rápidamente. Pegueme un tiro de muerte, por que de esa forma solo sera un momento y después seré sumamente feliz . . .

Otra vez lo mismo, dijo el. Siempre el mismo ruego. Si se le dice a un mormón que se le va a matar, lo único que se logra es escucharlo decir: Esta bien, no hay problema. Si me mata, seré feliz. ¡Caray! pareciera que esa es toda la satisfacción que se obtiene de ellos.

José Había seguido escribiendo hasta ese momento, pero como había terminado su carta, vino a pedirme una oblea para sellarla. Al ver que el ya había terminado, dije: Caballeros, permitanme presentarle a José Smith, el Profeta. El los miro con una sonrisa agradable y, acercándose a ellos, les estrecho la mano de una manera que los convenció de que el no era ni un delincuente culpable ni un cobarde hipócrita. Ellos permanecieron inmóviles, viéndole, como si hubieran visto un fantasma.

José se sentó y comienzo a conversar con ellos explicándoles los puntos de vista y la forma de pensar de la gente a la que llamaban mormones, que era lo que habían estado haciendo y el tratamiento que habían recibido de sus enemigos desde el principio. Les dijo que la maldad y las calumnias los habían perseguido desde que entraron en Misuri, pero que ellos eran un pueblo que, hasta donde el sabia, jamas había quebrantado las leyes, que estaban listos para ser juzgados por la ley, y si alguno de los hermanos de Daviess había hecho alguna cosa contraria a la ley, ciertamente seria justo pedirles una explicacion, antes de molestar o asesinar a otras personas que no sabían nada de esos sucesos en Gallatin [en el Condado de Daviess].

Enseguida de lo cual, el se levanto y dijo: Madre, creo que me voy a casa. Emma me debe estar esperando. De inmediato, dos de los hombres se pusieron de pie de un salto y dijeron: No es conveniente que vaya solo, nosotros iremos con usted para protegerlo. José les agradeció y partió en su compañía.

Mientras esperaban que ellos regresaran, los demás oficiales se quedaron en la puerta y escuche que hablaban lo siguiente:

Primer oficial: ¿No sentiste algo extraño cuando Smith te dio la mano? Nunca había sentido nada así en mi vida.

Segundo oficial: Yo me sentí como paralizado. Por nada del mundo podría lastimar ni un solo cabello de ese hombre.

Tercer oficial: Esta es la ultima vez que me agarran tratando de matar a Joe Smith o a los mormones.

Primer oficial: Creo que va hacer la ultima vez que venga aquí por algo así. Nunca vi antes a alguien tan inofensivo, de apariencia mas inocente que este Profeta Mormón.

Segundo oficial: Esa historia de que el mato a esos hombres es una tremenda mentira. No hay duda de ello y nosotros que nos metimos en todo esto y por nada, Es ka ultima vez que me dejo engañar así.

Los hombres que acompañaron a mi hijo a su casa prometieron disolver la milicia que estaba bajo su mando y regresar a casa. Ellos dijeron que si José los llegaba a necesitar, volverían y lo acompañarian donde fuera". [ 1] 

[ 1] History of Jose Smith by his Mother, eds. Scot Facer Proctor y Maurine Jensen Proctor, 1996, Pags. 361-363.

Parte 3

Nueva Seccion: Por sus frutos lo conoceréis: José Smith (Parte 1)


Por Admin.

El Elder Parley P. pratt, uno de los primeros Apóstoles de esta dispensación y amigo personal del profeta José Smith, dio de el la siguiente descripción:

"El presidente José smith era de elevada estatura, bien constituido, de buena complexion, robusto y ágil; de tez blanca, cabello claro, ojos azules, poca barba y con un semblante que atraía las miradas naturalmente sin que uno se cansara de contemplarlo. La expresión de su rostro siempre era suave, afable, e irradiaba inteligencia y bondad; poseía también un aire atractivo y jovial, absolutamente libre de toda restricción o afectacion de gravedad.  además, había un algo en su serena y fija mirada, como si penetrase en los abismo mas profundos del corazón humano, contemplara la eternidad, penetrara los cielos y alcanzara todos los mundos.

Poseía un noble arrojo e independencia de carácter; era desenvuelto y natural; su reprimenda aterradora como el rugido del león; su benevolencia ilimitada como el océano; su inteligencia brillante y su oratoria rica en elocuencia espontánea, no cultivada, ni estudiada, ni pulida por los estudios, ni refinada por el arte, sino fluyendo con natural sencillez y sumamente abundante en variedad de temas y expresión. interesaba e instruía al mismo tiempo que entretenía a su auditorio y nadie que lo escuchaba se cansaba jamas de oírlo. hubo veces en que retuvo a una congregacion de ansiosos oyentes durante muchas horas, en medio del frió, bajo los rayos del son o bajo la lluvia o el viento, haciéndolos reír en un momento y llorar en el siguiente. Aun sus mas encarnizados enemigos generalmente quedaban subyugados cuando lograba que le prestaran atención" [ 1]

 Aquellos que conocían por primera vez al profeta con frecuencia se daban cuenta de su grandeza. un joven converso, Amasa M. Lyman, relato lo que sintió cuando se encontró por primera con José Smith:

"Aun cuando en su apariencia personal no había nada de extraordinario ni diferente de los demás hombre, cuando me estrecho la mano en esa forma tan cordial (tan conocida por aquellos que lo han conocido en la sincera sencillez de la verdad), me sentí como uno de los de la antiguedad en la presencia del señor, mi fortaleza pareció abandonarme, por lo que tuve que hacer un gran esfuerzo por mantenerme de pie; pero no sentía nada de temor, sino que la serenidad y la paz del cielo penetraron en mi alma y la voz suave del espíritu susurro su testimonio viviente en lo mas profundo de mi alma, donde ha permanecido desde entonces, de que el era un hombre de Dios" [ 2]

En 1839, John Reynolds, miembro de la cámara de representantes de los estados unidos, del estado de Illinois, y ex gobernador de ese estado, se reunió con José Smith en Washington, D. C., y accedió a presentarlo a Martín Van Buren, presidente de los estados unidos. Dieciséis años después de haberse entrevistado con José Smith, Reynolds escribió: "Nadie puede prever cual sera el destinado de esta secta [La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días]  y seria una blasfemia en este momento comparar a su fundador con el salvador; pero, sin embargo, podría ser algo real que, en unos mil años, la reputación y el carácter de José Smith, en calidad de profeta, sea igual a cualquiera de los profetas que le han precedido" [ 3]

[1] Autobiography of Parley Parker Pratt, Ed. Parley P. Pratt, 1938, pags. 45-46; véase también "la grandeza de José Smith y sus extraordinarias visiones", Liahona, Junio de 1974, Pag. 3.
[2] En History of the Church, tomo 1, Pags. 332-333.
[3] My own times, embracing Also, the History of My Life, 1855, Pag. 564.

Parte 2