"la cultura Maya es de una forma u otra Babilónica"
FUENTE: http://www.cronica.com.mx/notas/2004/116817.html
"la cultura Maya es de una forma u otra Babilónica"
Es de gran asombro para mi la gran similitud que existe entre las leyendas de los Incas con respecto a la venida de un personaje llamado Viracocha y la venida de Jesucristo resucitado a las Américas la cual se encuentra en el Libro de Mormón, dada la similitud y el paralelismo que existe entre estas 2 historias podemos afirmar que aporta gran evidencia al Libro de Mormón puesto que hay muchas partes que encajan con el relato del Libro de Mormón, Muchos detractores pudieran refutar lo siguiente pero yo les pregunto ¿de que fuente saco José Smith la historia de la venida de Jesucristo a América? ¿Existe evidencia alguna que señale que José Smith tomo dicha historia de un libro? si asi fue ¿en que libro?. Siendo jose smith un joven granjero indocto en la materia ¿como es posible que exista concordancia entre estas dos historias? se los dejo de tarea . . . y seguire esperando evidencia alguna que refute lo siguiente . . .
Y aconteció que al entender, dirigieron la vista hacia el cielo otra vez; y he aquí, vieron a un Hombre que descendía del cielo; y estaba vestido con una túnica blanca; y descendió y se puso en medio de ellos. Y los ojos de toda la multitud se fijaron en él, y no se atrevieron a abrir la boca, ni siquiera el uno al otro, y no sabían lo que significaba, porque suponían que era un ángel que se les había aparecido. 


"Si José Smith hubiera escrito el Libro de mormón en lugar de traducirlo de anales antiguos, hubiera sido una locura incluir referencias sobre la existencia de caballos en el continente americano en aquella época. (1 Nefi 18:25*; Enós 21.**) En 1830 casi todos los historiadores y eruditos se encontraban convencidos de que no había caballos en América antes de la venida de Colón. Después de que el Libro de Mormón se publicó, se produjeron descubrimientos arqueológicos que indican claramente que sí había caballos en las Américas antes del tiempo de Colón. En los depósitos de asfalto de Rancho LaBrea, en el estado de California, se encontraron numerosos restos fosilizados de caballos, que datan de épocas anteriores a la del Libro de Mormón. Aunque estos descubrimientos no comprueban en absoluto que en América hubiera caballos en el período del Libro de Mormón (entre el 2200 a. de J.C. y el 421 d. de J.C.), demuestran que sí hubo caballos antes de la venida de Colón." 
* 1 Nefi 18:25. Y ocurrió que encontramos en la tierra de promisión, mientras viajábamos por el desierto, que había animales de toda especie en los bosques; tanto la vaca como el buey, y el asno, y el caballo, y la cabra, y la cabra montés, y toda clase de animales silvestres, los cuales el hombre podía utilizar. Y hallamos toda clase de minerales, tanto oro, como plata, como cobre.
** Enós 1:21. Y aconteció que el pueblo de Nefi cultivó la tierra, y produjo toda clase de granos y de frutos, y crió rebaños de reses, y manadas de toda clase de ganado, y cabras y cabras monteses, y también muchos caballos.

El conocimiento que contiene este libro habría
tardado más tiempo en aparecer y tenido alguna otra
forma sin la insistencia y ayuda de algunas personas en
particular. Para 1974, yo llevaba veinticinco años
trabajando en la relación entre el Libro de Mormón y
los datos geográficos y culturales de Mesoamérica,
pero me sentía poco proclive a imponer mis opiniones
al público o a mis colegas. David A. Palmer me
insistió por entonces para que preparara un escrito
explicando y documentando mi opinión; se ofreció a
hacerlo circular privadamente para que un grupo
selecto lo analizara, junto a un artículo que adoptara
una posición diferente. A partir del intercambio de
comentarios, Palmer y otros se convencieron de que mi
material debía conocerse mejor, así que persuadió a
miembros del personal de varias oficinas de la Iglesia
de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días para
que me escucharan. En el otoño de 1975 nos reunimos
una tarde por semana, en Salt Lake City, y presenté
con cierto detalle una versión de lo que está en este
libro.
Jay Todd, director administrativo de la Ensign, que
participó en aquellas sesiones, me invitó a preparar
una serie de artículos para la revista general de la
Iglesia. El y su personal (principalmente Lavina
Fielding Anderson y Lane Johnson) trabajaron
extensamente para mejorar lo que yo producía. Sin la
continua fe del director Todd en la importancia de
nuestro proyecto, yo no habría persistido. Pero no fue
sino hasta 1983 cuando nuestros intentos de que el
material estuviera expresado en condiciones aceptables
para su publicación en la Ensign llegaron a término sin
éxito. Para entonces unas 1.500 fotocopias de una
versión anterior del libro llevaban circulando entre
personas que habían sabido de él por medio de sus
amigos. Parecía claro que su publicación como libro
satisfaría una amplia necesidad.
La Fundación para la Investigación de la
Antigüedad y Estudios Mormones1 se decidió en 1983
a publicar el libro. John Welch y Kirk Magleby han
sido acérrimos partidarios de esta decisión y han
allanado considerablemente el camino. A otros hay que
agradecer el haber puesto las bases para la entusiasta
participación de la Compañía de Libros Deseret2 como
editora junto a F.A.R.M.S.
Sería imposible reconocer expresamente a todos los
que debería dar gracias pero sobresalen algunos:
George Reynolds por A Complete Concordance of the
Book of Mormon3, una valiosa herramienta de trabajo;
Tom Ferguson, por proporcionarme mi primera
experiencia sobre el terreno en Mesoamérica; Hugh
Nibley, por su ejemplo de paciencia e integridad que
me impulsó a no cejar en esta tarea por otras menos
importantes; Ben Alexander, que me enseñó la
importancia de concebir lo inconcebible; mis amigos,
que me han proporcionado el prefacio; los editores,
incluyendo Don Norton y Jack Lyon, por obligarme a
decir lo que yo quería expresar; Kathryn, mi mujer,
que falleció posteriormente, porque nunca se quejó del
tiempo que me costó; y a los arqueólogos, benditos
sean, que siguieron excavando bajo condiciones
absurdas en las que personas más racionales hubieran
optado por la comodidad. Tom Peterson y Steve
Gordon prepararon valiosos mapas, y Gary Gillum
hizo los índices. Si hay fallos en el libro, son
indudablemente debidos a mis propias limitaciones, no
a las de otros. Naturalmente, las opiniones que se
expresan son estrictamente mías y no pretenden
representar las de la Universidad de Brigham Young,
donde yo trabajo, las de la Iglesia de Jesucristo de los
Santos de los Ultimos Días, la Fundación para la
Investigación de la Antigüedad y Estudios Mormones
ni las de la Compañía de Libros Deseret.
Todas las ganancias por los derechos de autor de la
venta del libro irán a la Fundación para la
Investigación de la Antigüedad y los Estudios
Mormones, para que continúe su investigación de las
escrituras.