"y estad siempre preparados para responder con mansedumbre y reverencia a cada uno que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros".
1 Pedro 3:15

Busqueda

Favoritos

sábado, 3 de octubre de 2009

Las Consecuencias de la Incredulidad









Por el presidente N. Eldon Tanner







Conozco a dos hombres que tuvieron una infancia muy parecida. Ambos nacieron de padres que eran mormones activos y vivían en la misma comunidad; asistían al mismo barrio, tenían los mismos maestros, el mismo obispo, los mismo amigos e incluso iban a la misma escuela. En la actualidad esos dos hombres son totalmente diferentes, no solamente en su profesión, sino en su filosofía acerca de la vida y su grado de espiritualidad. Ambos han tenido éxito en su carrera, y tienen una buena posición económica, pero esa es toda la semejanza que hay entre los dos. Uno de ellos desempeña una posición de gran responsabilidad en la Iglesia y tiene una familia que honra a sus padres; sus hijos han vivido de acuerdo con las enseñanzas del evangelio, esforzándose por ser el orgullo de sus nobles progenitores, su Iglesia y su comunidad.
El otro hombre, poco a poco se fue alejando de la religión y se casó con alguien que no era miembro de la Iglesia; tuvieron hijos de los cuales, por lo menos dos, han sido motivo de una constante preocupación debido a sus amistades, las que los condujeron a lo que parecía una serie interminable de violaciones a la ley: manejaban por encima del límite de velocidad o después de haber tomado bedidas alcohólicas, se daban a las drogas, etc.
Es muy común ver este contraste en los estilos de vida, y no es mi intención juzgar ni indicar quién es responsable por dicho comportamiento. Sin embargo, cuando el hombre que se alejó de la Iglesia vino en medio de su desesperación en busca de consejo, no pude menos que reflexionar y hacerme preguntas acerca de todas esas influencias que alejan a un hombre de su fe y su creencias. Medité acerca de las circunstancias que llevaron a cada uno de estos hombres a sus actual situación en la vida, y recordé las palabras de Pablo cuando advirtió a los élderes de la Iglesia en Efeso diciéndoles:
"Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual El ganó por su propia sangre.
Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán al rebaño.
Y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos" (Hech. 20:28-30.)
Tiempo después, luego de expresar agradeciemiento al Señor por el amor, la fe y la esperanza de los colosenses cuando aceptaron el Evangelio de Jesucristo, Pablo les advirtió de la siguiente manera:
"Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según cristo."
¿Por qué algunos hombres se engañan con las filosofías del mundo, mientras que otros pueden aceptar el evangelio y sus enseñanzas por medio de la fe? Algunos son como Tomás, quien no estaba con los Doce Apóstoles cuando Jesús se les apareció después de su resurrección. recordad lo que sucedió:
"Si no viere en sus manos la señal de los clavos, y metiere mi dedo en el lugar de los clavos, y metiere mi mano en su costado, no creeré.

Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro, y con ellos Tomás. Llegó Jesús, estando las puertas cerradas, y se puso en medio y les dijo: Paz a vosotros. Luego dijo a Tomás: Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente. Entonces, Tomás respondió y le dijo: ¡Señor mío, y Dios mío!" Entonces, ante el reconocimiento de Tomás, el Salvador le dijo: "Porque me has visto, Tomás creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron." (Juan 20:25, 27, 29.) A veces pienso que en el mundo actual hay más sentimientos anticristianos de disputa y desconcierto que antes; es posible que esto sea así, si consideramos el aumento de la población mundial; pero siempre ha habido disidentes, perseguidores y falsos profetas, para conducir a la gente por el mal camino y destruir el divino plan de nuestro Padre Celestial. En la conferencia de octubre de 1909, el presidente Joseph F. Smith dijo: "Quizás no haya habido otra época en la que hubiera más falsos profetas, más visionarios o falsos Cristos que en la actualidad. Casi todos los días nos envían cartas dándonos instrucciones, amenazándonos, amonestándonos, advirtiéndonos y haciendonos saber que han recibido revelaciones ... Cualquiera puede llevar adelante alguna idea disparatada, o ponerse a organizar algún tipo de iglesia, y aun cuando lo que proclame sea sin sentido, siempre encontrará el apoyo de alguien que sepa tan poco como él. A los fieles Santos de los Últimos días se les da el derecho de conocer la verdad, tal como Dios la conoce, y no hay poder que pueda llevarlos por un camino equivocado, anublar su entendimiento, confundir su mente o debilitar su fe o su conocimiento de los principios del Evangelio de Jesucristo. Eso no puede suceder, porque la luz de Dios brilla con más fuerza que la falsedad y el error. Por lo tanto, aquellos que poseen la luz de Cristo, el espíritu de revelación y el conocimiento de Dios se elevan por encima de todas las extravagancias del mundo; ellos conocen esta doctrina, la cual es de Dios y no de los hombres." (Conference Report, págs. 8-9) Somos en verdad afortunados por comprender el propósio de la misión de Cristo, por tener el evangelio, por ser guiado por un profeta de Dios, y por el estímulo que nos dan los testimonios de las Autoridades Generales y de otros que nos testifican de la autenticidad del Evangelio de Jesucristo. Se nos insta a estudiar y a obtener un conocimiento personal de que esta obra es verdadera, y cada persona puede tener ese testimonio por medio del estudio y la oración. En la conferencia General de octubre de 1935, el élder Stephen L. Richards, en ese entonces miembro del Consejo de los Doce, dijo lo siguiente: "Yo creo que se requiere el mismo alto grado de inteligencia para comprender e interpretar las cosas del espíritu, que para comprender la verdades de la ciencia y otros asuntos similares. Creo que las realizaciones y los logros en el campo religioso son tan valiosos y dignos de encomio como lo son en el campo de la ciencia, en el de los negocios, el comercio y todos los demás asuntos del mundo. También opino que muchas personas en este mundo no creen en estas cosas, y han menospreciado de tal manera el verdadero valor de las cosas espirituales y de las actividades religiosas, que se han apartado de las instituciones religiosas, de los conceptos espirituales y de este mundo maravilloso que está más allá del llamado mundo de las cosas materiales. Para mí, esto es lo peor que le puede suceder al ser humano, y creo que la juventud de nuestra Iglesia, desgraciadamente, no está libre de la influencia de esta filosofía mundana que practicamente ha invadido la mente y el razonamiento del hombre." A continuación expreso su gran preocupación por la juventud de esta tierra, la que está sometida a filosofías mundanas que niegan la existencia del mundo espiritual, y agregó: "La educación ha contribuido grandemente a crear este estado de cosas, no en forma premeditada, pero cierta, por lo que estoy casi seguro de que se pueden encontrar muchos hombres y mujeres que han perdido la fe y se han apartado de las antiguas prácticas y tradiciones, porque esas cosas no solamente se han omitido, sino que se han pasado por alto con premeditación, y a menudo las han despreciado los sistemas educativos y las influencias de aquellos de quienes depende la educación de la juventud ... Creo que al pedir a los maestros del país que animen a sus alumnos a mantenerse receptivos a todas estas preguntas que afectan la fe de sus padres, no solamente estoy hablando de acuerdo con el sentir de nuestra Iglesia, sino con el sentimiento de todas las buenas personas religiosas que tratan de llevar a la juventud de sus iglesias el Espíritu, la teología y las tradiciones que fomentan. Es algo muy fácil hacer flaquear la fe en este mundo de materialismo, en este mundo de desarrollo científico, donde se ha hecho tanto hincapié en el progreso y el desarrollo científico que han estado de manifiesto en las últimas décadas. Es muy fácil decir una palabra que debilite la fe. Espero que aquellos de cuyas manos dependan la formación de los conceptos en los jóvenes y el desarrollo de su personalidad y carácter sean muy cuidadosos al respecto. Como partidiario y administrador del sistema de escuelas públicas, el cual considero uno de los más grandes factores de la civilización de la raza, al que siempre he estimado como un componente esencial de la democracia, y del que depende la educación de mis hijos, abrigo la idea de que los que enseñan no tienen derecho alguno de decir una sola palabra o promover un pensamiento que derribe la fe de mis hijos y los aleje de nuestras creencias. Nuestra juventud es especialmente susceptible a influencias que la alejan de la fe, porque, en mi opinión, los jóvenes no siempre tienen una comprensión adecuada y apropiada del Evangelio de Jesucristo. Aveces tengo miedo de que por preocuparme demasiado por las reglas, las inhibiciones y las restricciones, no puedan apreciar lo positivo, hermoso, y edificante del Evangelio de Jesús y el mensaje de gozo que encierra ... Deseo que nos sea posible enseñar a nuestra juventud que todas las satisfaciones perdurables que puedan desear, todo el gozo y placer real de la vida, han de encontrarse en la prosecución de los principios del evangelio y no en la oposición a éstos." (Conference Report, oct. de 1935, págs. 94-96.) No es posible ser feliz y obtener paz mental a menos que se logre por medio de la obediencia a los mandamientos de Dios. No es posible obtener la salvación o la vida eterna a menos que aceptemos el evangelio y vivamos de acuerdo con sus enseñanzas. No hay problema que estén enfrentando las naciones del mundo o las personas en forma individual cuya respuesta no se encuentre en el Evangelio de Jesucristo. El vino al mundo con el propósito de darnos el plan de vida y salvación por medio del cual pudiéramos disfrutar de la felicidad y la vida eterna. Me gustaría citar el mensaje de Pablo a los efesios: " Un cuerpo, y un espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación; un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos ... Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo; para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombre que para engañar emplean con astucia las artimañas del error, sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo." (Ef. 4:4-6, 11:15.)

viernes, 2 de octubre de 2009

¿Hay evidencia de la existencia de caballos en las Américas antes de la época de Colón?

"Si José Smith hubiera escrito el Libro de mormón en lugar de traducirlo de anales antiguos, hubiera sido una locura incluir referencias sobre la existencia de caballos en el continente americano en aquella época. (1 Nefi 18:25*; Enós 21.**) En 1830 casi todos los historiadores y eruditos se encontraban convencidos de que no había caballos en América antes de la venida de Colón. Después de que el Libro de Mormón se publicó, se produjeron descubrimientos arqueológicos que indican claramente que sí había caballos en las Américas antes del tiempo de Colón. En los depósitos de asfalto de Rancho LaBrea, en el estado de California, se encontraron numerosos restos fosilizados de caballos, que datan de épocas anteriores a la del Libro de Mormón. Aunque estos descubrimientos no comprueban en absoluto que en América hubiera caballos en el período del Libro de Mormón (entre el 2200 a. de J.C. y el 421 d. de J.C.), demuestran que sí hubo caballos antes de la venida de Colón."
(Ludlow, Companion, pág. 117.)

* 1 Nefi 18:25. Y ocurrió que encontramos en la tierra de promisión, mientras viajábamos por el desierto, que había animales de toda especie en los bosques; tanto la vaca como el buey, y el asno, y el caballo, y la cabra, y la cabra montés, y toda clase de animales silvestres, los cuales el hombre podía utilizar. Y hallamos toda clase de minerales, tanto oro, como plata, como cobre.

** Enós 1:21. Y aconteció que el pueblo de Nefi cultivó la tierra, y produjo toda clase de granos y de frutos, y crió rebaños de reses, y manadas de toda clase de ganado, y cabras y cabras monteses, y también muchos caballos.

jueves, 1 de octubre de 2009

La iglesia Cristiana Original






Por T. Edgar Lyon












Los cristianos del siglo XX empeñados en reconstruir la historia de los principios de la Iglesia, comprendieron claramente la gran deuda que tienen con un escritor del primer siglo de nuestra era, un médico llamado Lucas, autor del Evangelio que lleva su nombre y del libro Hechos de los Apóstoles. En realidad, ambas obras componen una historia de la fundación del cristianismo.
A pesar de lo mucho que apreciamos los escritos de Lucas, hay muchos detalles que desearíamos que él hubiera registrado de la organización de la Iglesia en los días de Jesús, ni de los oficiales que dirigían, sus correspondientes títulos, o la autoridad que tenían. Tampoco menciona el término con que se denominaba a la comunidad cristiana en Jerusalén, ni qué pensaban los judíos cristianos acerca del templo y sus alrededores, de los sacrificios diarios que ofrecían allí los sacerdotes levitas o del día sabático que guardaban los judíos. Quizás esa falta se debiera a que Teófilo, a quien están dedicadas ambas obras,* estuviera tan familiarizado con todas esas cosas que Lucas no viera ninguna necesidad de hablarle de ellas.


El progreso de la Iglesia

En el libro Hechos de los Apóstoles continúa la narración sobre la comunidad cristiana, que había quedado en suspenso al finalizar el Evangelio que él escribió. Luego de la ascensión del Señor Jesucristo desde el Monte de los Olivos, Lucas relata una reunión de los santos en Jerusalén, "como ciento veinte en número" (Hechos 1:15). Pedro había dicho que los Apóstoles tendrían que seleccionar candidatos entre los cuales se eligiera uno que llenara la vacante dejada por Judas Iscariote, y había mencionado dos condiciones que ese hombre debía poseer: Tenía que haber andado con Jesús y sus discípulos desde el bautismo del Salvador, y haber sido un testigo de la resurrección de Cristo. De acuerdo con estos requisitos, encontraron dos hombres que parecían igualmente calificados; entonces oraron al Señor pidiéndole que, por conocer El el corazón de las personas, les indicara "cuál de estos dos has escogido" (véase Hechos 1:24). Luego fueron inspirados para elegir a Matías, quien pasó a formar parte de los Doce. Es muy significativo notar la insistencia de los Apóstoles en que a Iglesia fuera guiada por el Espíritu y no por el discernimiento humano.
Después de esto, Lucas conduce a sus lectores a un emocionante acontecimiento ocurrido diez días después de la ascensión de Jesús, durante la festividad judía de la Pascua. El nos dice que en aquel día memorable, estando reunidos los judíos procedentes de diferentes provincias del Imperio Romano en un lugar que no se menciona, ocurrió en los apóstoles una milagrosa manifestación de lenguas extranjeras. Los que los oyeron se admiraban de que aquellos galileos pudieran enseñar el evangelio en idiomas desconocidos para ellos. (Véase Hechos 2:1-37.)
Luego de esa milagrosa manifestación, Pedro hizo un extraordinario resumen de la misión mesiánica de Jesucristo, testificando que era el Redentor del mundo, y que había resucitado. Los de la congregación, comprendiendo súbitamente su necesidad de arrepentirse por haber rechazado al Maestro como su Mesías, le preguntaron a Pedro cómo podrían escapar al castigo que tan justamente merecían. Este les respondió predicandoles los primeros principios del evangelio, y Lucas registró que "aquel día como tres mil personas" entraron en la Iglesia por medio de las aguas del bautismo. (Véase Hechos 2:37-42)
Como consecuencia de otro acontecimiento extraordinario, hubo más conversos que se unieron a la Iglesia. Pedro y Juan habían ido al templo "a la hora novena, la de la oración" (Hechos 3:1), y al entrar encontraron en el portal a un mendigo que pidió dinero a Pedro. Este le respondió que no tenía nada, pero le dijo: "lo que tengo te doy", y sanó al hombre, que había sido inválido de nacimiento. Este milagro, presenciado por muchas personas, atrajo a todo el pueblo "al pórtico que se llama Salomón". Allí Pedro les habló recordandoles la forma en que ellos habían rechazado a Jesús de Nazaret como su Mesías y los llamó al arrepentimiento por tan grave pecado. Lucas registra que esa prédica fue tan elocuente que "muchos de los que habían oído la palabra, creyeron; y el número de los varones era como cinco mil". (Véase Hechos 3:11, 4:4.)


Los santos "tenían en común todas las cosas"

El entusiasmo que reinaba entre el gran número de personas que se convirtieron en ambas ocasiones y el compromiso que hicieron de llevar una vida de hermandad eran tales que, de acuerdo con las enseñanzas del evangelio acerca del interés y el cuidado que se debían los unos con los otros, deseaban compartir entre sí todo lo que poseían:
"Todos los que habían creído estaban juntos, y tenían en común todas las cosas; y vendían sus propiedades y sus bienes, y lo repartían a todos según la necesidad de cada uno." (Hechos 2:44-45.)
"Así que no había entre ellos ningún necesitado; porque todos los que poseían heredades o casas, las vendían y traían el precio de lo vendido, "y lo ponían a los pies de los Apóstoles; y se repartía a cada uno según su necesidad." (Hechos 4:34-35.)
En ambos casos se nos presenta el plan de cooperación económica que existía entre los santos de Jerusalén, lo cual es evidentemente una manifestación del mismo espíritu que motivó a los nefitas en el hemisferio occidental, después de la visita que les hizo el Cristo resucitado. Ese sistema duró entre ellos aproximadamente dos siglos. (Véase 4 Nefi: 27.)
La iglesia crecía tan rápidamente que los Apóstoles se vieron obligados a dedicar todo su tiempo a la adquisición y distribución de alimentos; comprendiendo que esto les impedía predicar el evangelio, que era la principal responsabilidad que habían recibido del Maestro, los Doce convocaron a los santos para explicarles que los Apóstoles no habían sido llamados para "servir a las mesas" sino para predicar la palabra de Dios, y les propusieron llamar y apartar a siete hombres que asumieran esta obligación, lo cual se hizo. (Véase Hechos 6:1-6.)
Lucas no registró qué oficio o qué título tenían estos hombres. Muchos años después, cuando los cristianos apóstatas dieron a los diáconos esta asignación, los editores y comentaristas bíblicos comenzaron a denominarlos en los subtítulos y las notas al margen como "los siete diáconos". Pero los escritos de Lucas no los mencionan por ese nombre. Es de notar que el trabajo que realizaban estos hombres al ocuparse de las necesidades temporales de los miembros era parte de la asignación que tienen actualmente los obispos. Quizás los santos de Jerusalén estuvieran organizados en siete ramas, cada una de las cuales contara con un obispo que se encargara del bienestar temporal de su congregación.
El adoptar el nuevo sistema económico de administración (la ley de consagración) fue un acto de gran fe y amor cristiano por parte de los santos. Sin embargo, finalmente causó dificultades, pues muchos de los que se unieron a a Iglesia en el día de Pentecostés deben de haber sido personas adineradas, que habían invertido su capital en propiedades o productivas empresas de negocios. Si ellos hubieran conservado sus posesiones y entregado a la comunidad cristiana las ganancias que hubieran sacado de ellas, probablemente, además de conservar sus bienes personales, habrían beneficiado a la comunidad con ingresos permanentes; en cambio, al vender sus propiedades para entregar a la Iglesia el dinero, estos santos se quedaron sin una fuente de ingresos. A medida que el número de miembros comenzó a aumentar y muchos pobres se convirtieron a la Iglesia, el capital original con el que habían contribuido los dos primeros grupos grandes de conversos aparentemente se agotó.
Diez o quince años más tarde el apóstol Pablo, mientras predicaba el evangelio en Asia Menor y Europa como misioneros entre los judíos y los gentiles, solicitó de esos cristianos donaciones para ayudar a sus hermanos de Jerusalén. (Véase 1 Corintios 16: 1-4; 2 Corintios 9:1-8.) Es obvio que ya en esa época la Iglesia había consumido todo su capital y poseía muy pocas fuentes de ingresos.

El día sabático en la Iglesia original

Puesto que las creencias cristianas superaban a las del judaísmo, no es de extrañar que los cristianos modificaran sus servicios religiosos, hasta el punto en que éstos llegaron a ser incompatibles con los que se llevaban a cabo en la sinagoga. Por ejemplo, además de adorar a Dios el Padre e interpretar las Escrituras, costumbre que era común tanto a cristianos como a judíos, los primeros añadieron cinco nuevos aspectos a sus servicios sabáticos:

1) la adoración del Cristo resucitado, que había subido a su padre;
2) el sacramento conmemorativo de la Sana Cena;

3)la asistencia de mujeres y niños;

4) el canto de "salmos ... himnos y cánticos espirituales" (Efesios 5:19) por la congregación;

5) el testimonio oral de los miembros de todo lo que habían visto y oído concerniente a Jesucristo. (Véase T. E. Lyion, Apostasy to Restoration, Course of Study for Melchizedek Priesthood Quorums, 1960, pág. 34.)
Es impreciso el momento en que la Iglesia Cristiana cambió su día de reposo del sábado de los judíos al domingo, primer día de la semana; el Nuevo Testamento no dice cuándo ocurrió. Quizás haya sido algo gradual, y no un cambio hecho por directiva de los Apóstoles en todas partes al mismo tiempo. Era natural que, al aumentar la comprensión de los santos con respecto a la Expiación y la Resurrección, pensaran que el día en que Cristo se levantó de los muertos tenía para ellos más significado e importancia que el sábado. Por otra parte, puede que hayan querido distinguirse de los judíos, especialmente después que ésos los habían echado de las sinagogas por "herejes". Otra gran posibilidad es que el cambio se debiera simplemente a que hubieran recibido un mandato directo del Señor con ese fin.
Debemos recordar que no todas las personas en aquella época disfrutaban de un día de descanso semanal. El gobierno romano había hecho una concesión a los judíos, permitiéndoles el descanso en su día sabático.
Los cristianos no pudieron gozar de este privilegio hasta que el emperador Constantino así lo decreto en el año 321 d. de J. C. y aun así sólo los que vivían en las ciudades podían hacerlo. Esto quizás explique por qué los primeros continuaron con esa costumbre de la religión judaica: en esa forma podían disfrutar del privilegio del día de reposo judío. Además de la convivencia, quizás fuera también un asunto de conciencia; si se consideraban mejores judíos que aquellos que habían rechazado a Jesús , pensarían que tenían derecho a los mismo privilegios que se les concedían a aquellos.

La asistencia de los cristianos al templo

Así como la costumbre del día sabático tuvo su influencia en el origen judío de los líderes cristianos, también la tuvieron sus ideas acerca del templo. El libro de los Hechos indica que los cristianos, tanto líderes como miembros, iban al templo en Jerusalén después de la resurrección de Cristo, igual que lo habían hecho antes de su muerte. También existe evidencias en las Escrituras de que esta costumbre continuó durante por lo menos 25 años de nuestra era. Pablo mismo fue arrestado mientras participaba en ceremonias judaicas dentro del predio del templo. (Véase Hechos 21:26-33.)
Un motivo por el cual estos cristianos continuaban visitando el templo era que se consideraban el verdadero Israel de las profecías y las Escrituras, y creían que el Mesías ya había venido; ellos eran los únicos que lo habían aceptado. Los judíos que lo habían rechazado y crucificado habían perdido así su condición de integrantes del Israel de la profecía, como así también su derecho de ser e lpueblo elegido de Dios. Los santos creían que, puesto que ellos eran quienes habían heredado las promesas de los convenios hechos por Dios con Abraham, el santuario y los terrenos que rodeaban al templo les pertenecían, con todo derecho, como su lugar de adoración. Por supuesto, los judíos que administraban el templo no iban a renunciar a él para dárselo a los seguidores del hombre a quien ellos habían rechazado; por este motivo, los cristianos tenían que contentarse con usar las partes exteriores del templo, mientras las autoridades de éste continuaban con sus ceremonias y sacrificios tradicionales, en los que los conversos ya no creían.
Otra razón por la que continuaban utilizando los terrenos del templo era la convivencia del amplio lugar que les ofrecía para las reuniones, y que cubría aproximadamente 14 hectáreas, lugar donde se congregaban multitudes de diferentes creencias y tierras para tener sus servicios religiosos, pasear y hasta para negociar. (Véase Mateo 21:12.)
Debemos recordar que los que usaban ese templo eran los judíos apóstatas que aparentemente tenían el Sacerdocio Levítico. Aunque bello y costoso, el edificio era pequeño, pues no había sido edificado para reuniones de ordenanzas, sino para simbolizar la histórica presencia de Dios en Israel. Sólo un número limitado de sacerdotes levitas podían entrar en él, mientras que a los hombres de otras tribus y a las mujeres en general les estaba absolutamente prohibido. Junto al templo de piedra estaban los cuatro para los sacerdotes, un gran salón para las reuniones del Sanedrín y las oficinas que pertenecían a los oficiales autorizados por Roma para ejerce jurisdicción sobre los judíos en todo el mundo. Estas estructuras estaban dentro de las paredes del templo, con portales que protegían el santuario de ser profanado en caso de algún tumulto. Fuera de estas paredes se encontraban lo que se llamaban las cortes. La más cercana a la pared era la Corte de los Hombres Israelitas, desde la cual los varones judíos podían observar a los sacerdotes cuando hacían sus sacrificios diarios en el elevado altar al aire libre que había al este del templo. Detrás de ésa estaba la Corte de las Mujeres Israelitas, a quienes no se permitía acercarse al templo tanto como a los hombres. Y detrás de la corte de las mujeres se encontraba la parte más grande y cercana al exterior, conocida como la Corte de los Gentiles. Esta parte estaba abierta al público.
Herodes había hecho llevar columnas de mármol de grecias para adornar el perímetro de esta corte, y las había hecho colocar en doble fila sobre tres lados de la plaza. Sobre el cuarto lado estaba el Patio Real, un peristilo** que contenía 162 columnas corintias, colocadas en cuatro filas, en forma similar a las del gran templo pagano de Carnac en Egipto. Algunas autoridades en la materia han especulado que, al igual que muchos templos griegos y romanos, este peristilo estaba cubierto con un techo de cedros del líbano para protegerlo del sol, la lluvia y algunas nevadas. Varias referencias bíblicas lo denominan el "pórtico de Salomón". (Véase Hechos 3:11; 5:12; Juan 10:23.)
La narración de Lucas indica que los santos, habiendo establecido un fondo común, no se veían obligados a trabajar diariamente, por lo que se reunían en este peristilo donde recibían instrucciones de Pedro, los otros Apóstoles y quizás también de los encargados de distribuir los alimentos. Parecería que el pórtico de Salomón hubiera tenido el mismo propósito que el foro en los edificios griegos y romanos, donde se llevaban a cabo reuniones y debates públicos. No es de extrañar que los oficiales del templo sintieran hostilidad contra estos grupos de "herejes" que habían "invadido" el gran patio del predio del templo y en él predicaban doctrinas que condenaban las acciones de los líderes judiíos y de la nación en general.

El cristianismo entre los samaritanos

Aunque los primeros grupos grandes de conversos eran judíos, la verdad universal del evangelio pronto comenzó a atraer a otras personas. El primer pueblo que se mostro receptivo al cristianismo parece haber sido el de los samaritanos. El origen de este pueblo data del siglo VIII a. de J. C., cuando los asirios se llevaron cautivos a miles de israelitas; entonces hubo tribus paganas de otras tierras, cuyos hombres se casaron con las mujeres hebreas y, a pesar de que en general aceptaron la religión de su esposa, mezclaron en ela muchas creencias de la religión de baal que profesaban. (Véase 2 Reyes 17:24-33.) Como los samaritanos aceptaban el Antiguo Testamento y muchas tradiciones orales judaicas, no se les tenía por gentiles sino por personas que habín corrompido la religión. En la época de Jesús los judíos los consideraban israelitas apóstatas.
Mateo dice que el Maestro había instruido a sus Apóstoles para que no predicaran ni a los gentiles ni a los samarianos (véase Mateo 10:5), y no hay ningún registro de que Él bauizara a nadie de esos grupos. Sin embargo, muchos samaritanos lo habíen aceptado como su Mesías; cuando Felipe, posiblemente con una asignación especial de los Doce, visitó Samaria, hizo allí muchos conversos. Pedro y Juan, enterados de su éxito, fueron también allí y le ayudaron a confirmar a los nuevos miembros de la Iglesia. El hecho de que líderes tan ortodoxos como Pedro, Juan y Felipe no vacilaran en aceptar a los samaritanos en la Iglesia indica que ellos no los consideraban gentiles.

Los primeros miembros que no eran Judíos

Siempre extendiéndose, el evangelio se esparció más allá de los integrantes de Israel. Un ejemplo de ello es la conmovedora historia de Cornelio, la cual representa la revelación dada por el Señor al Presidente de la glesia, y Su aprobación y autorización para llevar el evangelio a los gentiles.
Cornelio era un capitán del ejército romano, estacionado en Cesarea, devoto y adorador del Dios de los judíos y sumamente generoso con los pobres de este pueblo. En Hechos 10:1-2 dice que "era piadoso" ... y oraba a Dios siempre". Durante una de esas oraciones se le apareció un ángel y le dijo que enviara mensajeros a Jope, a unos 55 kilometros de alli sobre la costa, para pedir a Pedro que lo visitara.
Pedro, que había recibido una visión alegórica indicándole que había llegado el momento de empezar a predicar el evangelio a los gentiles, algunos hermanos de Jope. Cornelio le relató la visita del ángel y le pidió que diera a los de su casa el mensaje que se le había prometido. Fue tal la manifestación del Espíritu Santo en esa ocasión, que Pedro no pudo menos que reconocer que Cristo mismo abría la puerta del cristianismo a los gentiles; por lo tanto, los hizo bautizar. (Veáse Hechos 10:44-48.)
Cuando Pedro volvió a Jerusalen y relató su visión y el Espíritu Santo que se había manifestado sobre los gentiles, los cristianos judíos glorificaron al Señor diciendo: " ... ¡De manera que también a los gentiles ha dado Dios arrepentimiento para vida!" (Hechos 11:18).
Aquellos fueron, entonces, los primeros gentiles que entraron en la Iglesia cristiana y que abrieron oficialmente la puera del cristianismo al mundo entero, con Pablo, el "Apóstol de los gentiles", encargado de esparcir la palabra.

Una organización en crecimiento

Los miembros de la Iglesia de nuestro siglo no deben tratar de establecer paralelos entre cada uno de los incidentes bíblicos de la Iglesia original y los que ocurren acualmente en La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días. En lugar de ello, podríamos comprar la primera organización de la Iglesia y el sacerdocio con la organización restaurada entre los años de 1830 y 1850; por ejemplo, las actividades del sacerdocio anes de que éste fuera organizado en quórumes. Hubo perdonas que tuvieron antes de que exisiera el Consejo de los Doce asignaciones que más arde se convirtieron en una responsabilidad apostólica.
Esto puede ayudarnos a aclarar algunos pasajes confusos, como el del hombre llamado agabo, a quien dos veces se menciona diciendo que era un profeta. (Véase Hechos 11:28; 21:10.) Quizás se tratara de un setenta o algún otro oficial de la Iglesia; no se sabe nada de él ni de su relación con los Apóstoles, pues Lucas no nos da ningún detalle. En la misma forma habla de que Felipe, quien vivía en Cesarea, enía cuatro hijas "que profeizaban" (véase Hechos 21:9), sin mencionar qué profecías hacían o en qué concepto se las tenía. Por otra parte, es evidente que la profecía de Agabo sobre el encarcelamiento de Pablo en Roma se cumplió. (Véase Hechos 21:11.) Tampoco sabemos qué posiciones ocupaban en la Iglesia estas personas; quizás se tratara simplemente de que tenían el donde de discernimiento espiritual.
Los escritos de Lucas nos dan vislumbres de una Iglesia en crecimiento y del cambio efectuado de la religión judaica a una que se extendería por todo el mundo, y de las consecuencias que traía en aquellos días el ser cristiano. Lo mismo que sucede en a actualidad, esta Iglesia era dirigida por seres humanos inspirados por el Altísimo y motivados por el ferviente testimonio que tenían de Jesucristo. Al igual que a nosotros, a ellos también se les dio el encargo de convertir en acción los principios del evangelio, fuera cual fuera el mundo que los rodeaba.

lunes, 21 de septiembre de 2009

Libro Un Escenario para el Libro de Mormon en la Antigua América (Español)

Por John L. Sorenson

El conocimiento que contiene este libro habría
tardado más tiempo en aparecer y tenido alguna otra
forma sin la insistencia y ayuda de algunas personas en
particular. Para 1974, yo llevaba veinticinco años
trabajando en la relación entre el Libro de Mormón y
los datos geográficos y culturales de Mesoamérica,
pero me sentía poco proclive a imponer mis opiniones
al público o a mis colegas. David A. Palmer me
insistió por entonces para que preparara un escrito
explicando y documentando mi opinión; se ofreció a
hacerlo circular privadamente para que un grupo
selecto lo analizara, junto a un artículo que adoptara
una posición diferente. A partir del intercambio de
comentarios, Palmer y otros se convencieron de que mi
material debía conocerse mejor, así que persuadió a
miembros del personal de varias oficinas de la Iglesia
de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días para
que me escucharan. En el otoño de 1975 nos reunimos
una tarde por semana, en Salt Lake City, y presenté
con cierto detalle una versión de lo que está en este
libro.

Jay Todd, director administrativo de la Ensign, que
participó en aquellas sesiones, me invitó a preparar
una serie de artículos para la revista general de la
Iglesia. El y su personal (principalmente Lavina
Fielding Anderson y Lane Johnson) trabajaron
extensamente para mejorar lo que yo producía. Sin la
continua fe del director Todd en la importancia de
nuestro proyecto, yo no habría persistido. Pero no fue
sino hasta 1983 cuando nuestros intentos de que el
material estuviera expresado en condiciones aceptables
para su publicación en la Ensign llegaron a término sin
éxito. Para entonces unas 1.500 fotocopias de una
versión anterior del libro llevaban circulando entre

personas que habían sabido de él por medio de sus
amigos. Parecía claro que su publicación como libro
satisfaría una amplia necesidad.
La Fundación para la Investigación de la
Antigüedad y Estudios Mormones1 se decidió en 1983
a publicar el libro. John Welch y Kirk Magleby han
sido acérrimos partidarios de esta decisión y han
allanado considerablemente el camino. A otros hay que
agradecer el haber puesto las bases para la entusiasta
participación de la Compañía de Libros Deseret2 como
editora junto a F.A.R.M.S.
Sería imposible reconocer expresamente a todos los
que debería dar gracias pero sobresalen algunos:
George Reynolds por A Complete Concordance of the
Book of Mormon3, una valiosa herramienta de trabajo;
Tom Ferguson, por proporcionarme mi primera
experiencia sobre el terreno en Mesoamérica; Hugh
Nibley, por su ejemplo de paciencia e integridad que
me impulsó a no cejar en esta tarea por otras menos
importantes; Ben Alexander, que me enseñó la
importancia de concebir lo inconcebible; mis amigos,
que me han proporcionado el prefacio; los editores,
incluyendo Don Norton y Jack Lyon, por obligarme a
decir lo que yo quería expresar; Kathryn, mi mujer,
que falleció posteriormente, porque nunca se quejó del
tiempo que me costó; y a los arqueólogos, benditos
sean, que siguieron excavando bajo condiciones
absurdas en las que personas más racionales hubieran
optado por la comodidad. Tom Peterson y Steve
Gordon prepararon valiosos mapas, y Gary Gillum
hizo los índices. Si hay fallos en el libro, son
indudablemente debidos a mis propias limitaciones, no
a las de otros. Naturalmente, las opiniones que se
expresan son estrictamente mías y no pretenden
representar las de la Universidad de Brigham Young,
donde yo trabajo, las de la Iglesia de Jesucristo de los
Santos de los Ultimos Días, la Fundación para la
Investigación de la Antigüedad y Estudios Mormones
ni las de la Compañía de Libros Deseret.
Todas las ganancias por los derechos de autor de la
venta del libro irán a la Fundación para la
Investigación de la Antigüedad y los Estudios
Mormones, para que continúe su investigación de las
escrituras.


¿Por qué son los Evangelios tan incompletos en lo que se refiere a los detalles de la vida de Jesús?



Por Richard Lloyd Anderson, Profesor de historia y escritura antigua, Universidad Brigham Young




Solamente un Evangelio comienza haciendo alusión a la grandeza de Jesús en la preexistencia. Únicamente dos Evangelios nos hablan acerca de su nacimiento milagroso. En tres Evangelios se relata solamente una pascua de su vida, permitiendo que el cuarto Evangelio relate los tres años completos de su ministerio terrenal. Es evidente que nunca existió la intención de que esos breves registros fueran biografía; entonces ¿qué se supone que son?
José Smith nos lo aclara al usar el nuevo título: "El testimonio" de Mateo y Juan. Estos cambios en la traducción de José Smith, conocida como la Versión Inspirada, Destacan la naturaleza especial de cada Evangelio.
Cada escritor tuvo fundamentalmente el mismo propósito de Juan, quien fue uno de los Apóstoles escogidos personalmente por Jesús, y cuyo lenguaje está caracterizado por las palabras "testimonio" y "testificar". De todo el Nuevo Testamento, el setenta por ciento de los pasajes en que aparecen estas palabras (maturia y martureo) se encuentran en los escritos de Juan, quien nos da una evidencia de la responsabilidad que sentía con respecto a su misión de testificar al mundo. Para corroborar esto solamente necesitamos comparar el primer capítulo de Juan ("y vimos su gloria" --Juan 1:14) con los primeros versículos de la primera Epístola de Juan ("hemos visto con nuestros ojos ... y palparon nuestras manos" -- 1 Juan 1:1). Este último evangelista habló en nombre de todos, haciendo hincapié en que él escribió "para que creáis que Jesús es el Cristo, el hijo de Dios, y que para que creyendo, tengáis vida en su nombre". (Juan 20:31)
Muchos han llegado a la conclusión de que los escritos de Juan son solamente testimonio y no historia. En realidad, la historia que Juan ha escrito gira alrededor de su testimonio, como lo muestra el nombre: Evangelio. Evidentemente desde el principio los relatos acerca de la vida de Jesús se llamaron Evangelios, pero, ¿por qué? El término griego euanggelion está compuesto con angelia, que significa un "mensaje" o "anuncio" más el prefijo que quiere decir "bueno o favorable". El significado de la palabra evangelio es entonces "buena nueva". Los relatos acerca de Cristo se llamaron Evangelios debido a que predicaban buenas nuevas, o sea, el maravilloso mensaje de que El había vencido la muerte y el pecado. A pesar de que todos los Evangelios difieren en la forma en que dejan establecida esta conclusión, todos la explican en detalle con la historia de la muerte y la resurrección. Por ejemplo, un tercio del Evangelio según Marcos, y casi la mitad del Evangelio según Juan dedican especial interés en relatarnos la última semana de la vida de Cristo.
Cada hecho que podamos aprender acerca de cristo capta nuestro interés, pero lo que El hizo por nosotros ganó nuestra salvación. Los Evangelios no están estructurados en forma biográfica, sino que nos informan de los hechos acerca de Cristo que nos predican su evangelio: que fue enviado por Dios, mostró el poder de Dios en su vida y en sus enseñanzas, dio autoridad a su Iglesia, sacrificó voluntariamente su vida por nuestra vida eterna y que finalmente resucitó para abrir el camino a la resurrección del género humano. Esta magnífica historia representa el bosquejo y el testimonio de los cuatro Evangelios que se encuentran en el Nuevo Testamento.

viernes, 18 de septiembre de 2009

La Verdad Absoluta




Por el Presidente Spencer W. Kimball








Hace algún tiempo el escribí una carta a un incrédulo. Últimamente he estado pensando en muchas de las cosas que decía en aquella carta, y quisiera comparitr con vosotros la esencia de su contenido. Con esta explicación, entenderéis mejor el punto de vista que asumí al escribirla, y el estilo que elegí para expresarme. La carta decía así:
Querido Juan:
La resistencia y los argumentos que esgrimes en contra de las verdades del Evangelio, me han causado grave preocupación.
Comprendo que no puedo convencerte en contra de tu voluntad, pero me consta que puedo ayudarte si me escuchas y me permites llamarte la atención sobre ciertas verdades sobresalientes, y en especial, si escuchas con una oración en tu corazón y con el deseo de saber que lo que te digo es la verdad. No trataría de forzar tus pensamientos ni siquiera aunque pudiera hacerlo, puesto que el libre albedrío es la ley básica de Dios y cada uno de nosotros debe asumir la responsabilidad de sus propias reacciones. Pero, ciertamente, también cada uno de nosotros debe cumplir con su deber de influir para el bien, sobre todos aquellos que necesiten alguna ayuda.
El Señor le dijo a Enoc:
"He allí a tus hermanos; son la obra de mis propias manos, y yo les di su conocimiento el día en que los hice; y en el Jardín de Edén le di al hombre su albedrío." (Moisés 7:32.)
He permanecido despierto muchas horas, y he ofrecido de rodillas muchas oraciones fervientes, con la esperanza de que pueda decirte las palabras exactas y de que tú puedas recibirlas con el mismo espíritu de humildad con que te las ofrezco.
El encontrar la verdad en la vida no se trata simplemente de un asunto de opiniones. Hay verdades absolutas y verdades relativas. Las normas de dietética, o sea, las que se refieren a la nutrición, han cambiado infinidad de veces durante el transcurso de mi vida; muchos otros descubrimientos científicos cambian constantemente. Por mucho tiempo, los científicos enseñaron que la tierra era una nebulosa masa fundida que se había desprendido del sol; más tarde, otros afirmaron que era una bola de polvo que se había solidificado. Muchas son las ideas que se han dado a conocer al mundo, que más tarde han sido cambiadas para adaptarlas al descubrimiento de una nueva verdad.
Hay verdades relativas. Pero también hay verdades absolutas, inalterables, que eran las mismas ayer, lo son hoy y lo serán por siempre. Estas verdades no pueden ser cambiadas de acuerdo con las opiniones de los hombres.
A medida que la ciencia nos ha ido dando más conocimientos sobre el mundo que nos rodea, ciertas ideas vastamente aceptadas por los científicos han tenido que abandonarse en favor de nuevas verdades que se han descubierto; Algunas de ellas se mantuvieron firmes durante muchos síglos. La más sincera investigación científica a menudo sólo llega hasta el umbral de la verdad, mientras que por otra parte existen hechos revelados que nos dan algunas verdades absolutas, como punto de partida para que podamos comenzar a comprender la naturaleza del hombre y el propósito de su vida.
La tierra es esférica. Aunque los cuatro billones de habitantes de este mundo pensaran que es plana, estarían todos en error; esta es una verdad absoluta y no hay discusión en el mundo que pueda cambiarla. Un cuerpo más pesado que el aire no puede mantenerse suspendido por sí mismo, sino que al soltarlo cae hacia la tierra. La ley de gravedad que hace que esto sea así, es una verdad absoluta e inalterable. Las leyes mayores pueden superar a las menores, pero ello no hace variar la innegable verdad de éstas.
Podemos aprender sobre estas verdades absolutas por medio del espíritu. Ellas son "independientes" en su esfera espiritual y deben descubrirse espiritualmente, aunque se puedan confirmar por medio de la experiencia o el intelecto (Véase D. y C. 93:30). El gran profeta Jacob dijo que "el Espíritu habla la verdad ... Por tanto, habla de las cosas como realmente son, y como realmente serán" (Jacob 4:13). Y nosotros necesitamos que se nos enseñe, a fin de poder comprender la vida y quiénes somos.
Dios, nuestro Padre Celestial -Elohim- vive. Esta es una verdad absoluta. Y aunque los cuatro billones de los hijos de los hombres que viven en la tierra lo ignoraran y desconocieran sus atributos y poderes, todavía sería un hecho que El vive. Toda la gente que vive en la tierra podrá negarlo y no creer en El; pero El vive, aun a pesar de ello. Los seres humanos pueden tener sus propias opiniones con respecto a El; pero aún así, Su forma, Sus poderes y atributos no cambian con las opiniones de los hombres. Dios vive. En resumen, una opinión en sí misma no iene poder alguno con respecto a una verdad absoluta.
Jesucristo es el Hijo de Dios, el Todopoderoso, el Creador, el Maestro de la única forma de vida pura que existe: el Evangelio de Jesucristo. El intelectual puede borrarlo de sus razonamientos filosóficos, el incrédulo puede burlarse de Su existencia, pero aún así Cristo vive y guía los destinos de Su pueblo. esta es una verdad absoluta que no puede negarse.
Supongamos que un relojero en suiza reúne los materiales y hace un reloj, que más tarde es encontrado en medio de un desierto de los Estados Unidos. La persona que encuentra el reloj jamás ha estado en Suiza, no conoce al relojero, ni lo ha observado mientras hacía el reloj. Pero el relojero todavía existe, a pesar de aquellos que ignoran su existencia o experiencia. Si el reloj pudiera hablar, quizás hasta dijera: "No hay un relojero". Mas esto no alteraría la verdad de que el relojero existe y lo hizo.
Si las personas son verdaderamente humildes llegarán a comprender que el hombre puede descubrir, pero no crear la verdad.
Los Dioses organizaron la tierra con materiales que ya existían, y sobre los cuales tenían poder y control. Esta es una verdad absoluta. Aunque un millón de personas extremadamente instruidas puedan especular y declarar que la tierra se formó por pura coincidencia, la verdad todavía permanece. La tierra fue hecha por los Dioses, al igual que el reloj fue hecho por el relojero, y las opiniones no pueden hacer variar esta verdad.
Los Dioses formaron al hombre, le dieron vida y lo colocaron sobre la tierra. Esta es una verdad absoluta, que no puede ser refutada con pruebas. Un millón de brillantes intelectos pueden hacer conjeturas contrarias, pero esto seguirá siendo verdad. Habiendo hecho todo eso en favor de los hijos de Su Padre, Cristo preparó un plan para el hombre, un programa completo y positivo por el cual pudiera éste sobreponerse a sus debilidades, conquistarse y perfeccionarse. Repito, estas verdades vitales no son un asunto de opiniones; si lo fueran, la opinión de cada uno de nosotros sería tan valedera o más aún que la de los demás. Estas cosas de que te habló, no son mi opinión, sino que como verdades divinas, son absolutas.
Algún día verás, sentirás y comprenderás, y quizás te reproches por la innecesaria demora y pérdida de tiempo. No tengo la menor duda de que te sucederá; sólo me pregunto cuándo.
Las experiencias en una cosa no nos hace automáticamente expertos en otra. La erudición religiosa sólo puede ser resultado de la rectitud personal y de la revelación. El Señor dijo al profeta José Smith:
"Toda verdad ... queda en libertad de obrar por sí misma en aquella esfera en la que Dios la colocó ..." (D. y C. 93:30.)
Un geólogo que haya descubierto muchas verdades sobre la estructura terrestre, puede ser totalmente indiferente a las verdades que Dios nos ha dado concernientes a la naturaleza eterna de la familia.
Hay algo que quisiera hacerte comprender, algo que me dará una base para continuar: el hombre no puede encontrar a Dios ni conocer sus caminos por medio de meros procesos mentales.
Es necesario ser gobernado por las leyes que controlan el medio que uno está tratando de investigar. Por ejemplo, para ser plomero es necesario estudiar las leyes de la plomería; es preciso conocer los puntos débiles y los fuertes, la temperatura de congelación de cañerias y tubos, los efectos del vapor, el agua caliente, la expansión y contracción de metales, etc. Pero se puede saber mucho sobre plomería, y ser un completo fracaso en la enseñanza de los niños o en el trato con los semejantes. Se puede ser el mejor tenedor de libros del mundo, y no saber absolutamene nada de electricidad. Se puede ser un experto en la compra y venta de inmuebles, pero completamente ignorante respecto a la construcción de puentes. Se puede ser una autoridad en la bomba de hidrógeno, y sin embargo, no saber nada de operaciones bancarias. Se puede ser un renombrado teólogo, y no tener ningún conocimiento sobre la fabricación de relojes. Se puede ser el mismo autor de la ley de la relatividad, y no saber absolutamente nada del Creador, quien ha originado cada ley del universo.
Te repito, esto no es asunto de opiniones. Estas son verdades absolutas, y están al alcance de cada alma humana.
Cualquier persona inteligente puede aprender todo aquello que desee, puede adquirir conocimiento en cualquier materia, aunque le cueste un gran esfuerzo hacerlo. Lleva más de una década llegar a graduarse en la escuela secundaria; en la mayoría de los casos, hay que estudiar por lo menos cuatro años más para lograr un título universitario y muchos años para llegar a ser un gran médico o abogado. ¿Cómo es posible, entonces, que las personas crean que pueden penetrar las más profundas complejidades espirituales, sin pasar por el proceso experimental y analítico necesario, y sin cumplir las leyes que gobiernan ese conocimiento? Resulta absurdo, pero frecuentemente encontramos disertando sobre religión a personas que jamas han tratado de vivir la más sencilla de las leyes de Dios. ¡Cuán ridiculo es que esas personas piensen que puedes bosquejar una línea de conducta para el mundo!
Sin embargo, tenemos a muchos grandes políticos, profesores, financistas que, porque sienten que se han elevado por encima de sus semejanes en su carrera o profesión, creen también que dominan todo otro conocimiento.
Es imposible para el hombre llegar a conocer a Dios o comprender su obra, sin obedecer las leyes que lo gobiernan a El y dirigen su obra. El reino espiritual, que es tan absoluto y real como el material, no puede comprenderse por medio de las leyes físicas. Tú no podrías aprender a fabricar generadores electrónicos en un seminario religioso; tampoco podrías aprender verdades espirituales en un laboratorio de física, sino que es necesario que vayas a un laboratorio espiritual, hagas uso de todos los instrumentos que estén

miércoles, 16 de septiembre de 2009

... Y se dirá de mí: Fue asesinado a sangre fría

Por Luis V. y Cleria A. Espinoza










La escena es trágica; la fecha, 27 de junio de 1844; la ocasión, la muerte del profeta José Smith; el lugar, la cárcel de carthage, Estado de Illinois.

En este año de 1980 se cumplirán 136 años desde que esto ocurriera en aquella nefasta tarde de verano ...* "José saltó por la ventana, y al intentarlo fue muerto a balazos- Cayó exclamando: '¡Oh, Señor, Dios mío!' " (1)
En esta forma, José y su hermano, Hyrum smith, fueron acribillados a balazos para sellar el testimonio de la palabra divina, muriendo lejos de su familia, acosados por lobos en busca de sangre. Caro se pagó el testimonio que ha quedado como un sello sobre la historia de la humanidad.
El propósito de este articulo es poder presentar un detalle cronológico de las horas anteriores a su muerte, los eventos que condujeron a la brutal acción del día 27 de junio de 1844. Estos ocurrieron en el siguiente orden:
Sábado 22 de junio de 1844, hora 21:00. Hyrum salió de la "Mansión" y le extendió la mano a Reynolds Cahoon diciendo al mismo tiempo: "Un grupo de hombres anda buscando a mi hermano José para matarlo y el señor lo ha amonestado para huir a las Montañas Rocosas para salvar su vida ... " (2) A los pocos minutos salió José Smith cubriéndose la cara con un pañuelo para contener las lágrimas ... salió en silencio en medio de la noche ...
Aproximadamente a las 2 de la mañana, Orrin P. Rockwell llevó a los dos hermanos y a Williard Richards al otro lado del río.
"Orrin P. Rockwell remaba el pequeño bote, el cual hacía agua, de modo que mantenía a José, Hyrum y al doctor Richards ocupados tratando de sacar el agua con sus botas y zapatos para impedir que se hundiera ... " (3)
Con el viento de la noche, que parecía que en cualquier momento los haría naufragar, llegaron a Montrose en la otra orilla del Mississipi.

Domingo 23 temprano por a mañana. Alcanzaron la orilla opuesta a la madrugada, y mientras el Profeta y sus compañeros esperaban, Orrin P. Rockwell volvió a Nauvoo "con instrucciones de conseguir caballos y pasarlos secretamente al otro lado del río la noche siguiente, y que estuviese listo para emprender el viaje hacia el Gran Valle en las Montañas Rocosas". (4)
Hora 10:00. La ciudad de Nauvoo se enfrentó a una patrulla que buscaba a José y que decía que si "no les entregaban a José y su hermano Hyrum, el gobernador Ford estaba resuelto a enviar sus tropas a la ciudad y dejarlas ahí hasta encontrarlos, aunque tuvieran que permanecer 3 año". (5)

Hora 13:00. Emma envió a Orrin P. Rockwell para suplicarle al profeta que volviera. Lo acompañaba Reynold Cahoon con una carta en la que ella le rogaba la misma cosa. "Al llegar Cahoon informó a José de lo que las tropas intentaban hacer y le urgió que se entregara, ya que el gobernador había dado su palabra de que lo protegería mientras él pasara por un juicio legal". (6)
En esos momentos críticos, algunos de sus propios amigos fueron quienes comenzaron a acusarlo de cobardía, diciendo que dejaría al rebaño como un falso profeta, a lo que él replicó: "Si mi vida no tiene valor para mis amigos, ningún valor tiene tampoco para mí". (7)
De este modo, después de consultar con Rockwell y su hermano Hyrum, volvieron a Nauvoo "con la convicción en su alma de que serían asesinados". (8)
Hora 14:00. Hyrum y José escribieron una carta al gobernador Thomas Ford explicándole que estaban dispuestos a entregarse a la milicia, esperando que se respetara su vida y la de sus amigos. En su Último párrafo la carta dice: "Nosotros nos uniremos a la patrulla ... cerca de Mounda a las dos, mañana por la tarde ... Esperamos llevar nuestros testigos, para que de este modo no se detenga el proceso, aun que necesitamos tiempo para la defensa". (9)
Hora 16:00. José, Hyrum, el doctor Richards y otros emprendieron el regreso. Mientras caminaban hacia el río, José y Orrin P. Rockwell se quedaron atrás. Los otros les gritaron que se apuraran a lo que José Respondió: "No hay razón de apurarse, vamos allá para ser sacrificados". (10) Durante el viaje expresó continuamente el deseo de volver y hablar una vez a los Santos. Rockwell se ofreció a reunirlos a todos, pero él al final no lo hizo.
Hora 17:30. Todos volvieron a cruzar el río. "Cuando llegaron a la Mansión en Nauvoo, la familia lo rodeó y él permaneció con ellos, descarando la idea de predicar una vez más a los Santos". (11)
Hora 21:00. La carta llegó a manos del gobernador Ford, entregada por Theodore Turley y élder Jedediah M. Grant. Primeramente el gobernador había accedido a la posibilidad de una escolta para los presos, pero influenciado por los señores Skinner, Law y Higbee, desistió. Luego, impidiendo que los mensajeros se quedarán en Carthage, los envió de regreso a Nauvoo, con órdenes, de que el Profeta volviera al día siguiente y se presentara a las 10 de la mañana sin la compañía de un escolta y que si él no se entregaba la ciudad de Nauvoo sería "Destruida con los hombres, mujeres y niños que hubiera en ella". (12)

Lunes 24 de junio, hora 4:00. Regresaron a Nauvoo los señores Turley y Grant con el mensaje del gobernador a José Smith. Esa misma mañana se hicieron los arreglos para salir para Carthage.
Hora 6:30. Comenzó la cabalgata hacia Carthage. El grupo estaba compuesto de "Willard Richards, Dan Jones, Henry G. Sherwood, Alfred Randall, James Davis, Cyrus H. Wheelock y varios hermanos junto con A. C. Hodge como abogado ... " (13)
B. H. Roberts hace el siguiente relato de la mañana del 24 de junio al salir de Nauvoo: " ... el presidente Smih y varios miembros del ayuntamiento, acompañados de varios amigos, salieron para Carthage ... al pasar frente al templo el grupo se detuvo y el profeta, mirando con admiración el edificio y sus alrededores, dijo: 'No hay lugar más hermoso, ni mejor gente bajo los cielos: poco saben de las pruebas que les esperan' ". (14)
Hora 9:50. El grupo llega a la granja de Albert G. Fellows a unas cuatro millas de Carthage "donde los esperaba el capitán Dunn con una compañía de sesenta milicianos montados a caballo. Entraron a la casa de Fellows, donde Dunn presentó a José Smith la orden de confiscar las armas de la Legión de Nauvoo, la que José Smith visó inmediatamente. Fue en esa oportunidad en que José Smith exclamó la frase profética: 'Voy como cordero al matadero, pero me siento tan tranquilo como una mañana veraniega. Mi conciencia está libre de ofensas contra Dios y contra todo hombre ... Moriré inocente, y todavía se dirá de mí: Fue asesinado a sangre fría' ". (15)
El profeta regresó a Nauvoo para ayudar a recoger las armas, lo cual se hizo sin mayor incidente, auque algunos santos se mostraron un poco reacios a hacerlo. De este modo, quedaban sin defensa. Las armas fueron llevadas al Templo Masónico, donde fueron arrumbadas. El capitán Dunn agradeció la prontitud con el que el proceso se llevó a cabo, y les aseguró que si continuaban comportándose como gente pacífica, serían protegidos.
Hora 18:00. Las armas ya habían sido recogidas y el grupo estaba listo para continuar hacia Carhage. Durante este tiempo el Profeta volvió para despedirse dos veces de su familia. Al pasar frente al Templo Masónico José saludo a un grupo de personas agitando el sombrero: "Señores, si no vuelvo, cuídense; voy como cordero al matadero". (16)
Hora 21:00. Los del grupo llegaron a la casa de fellows por segunda vez y allí se detuvieron para tomar unos refrescos.
Hora 23:55. El capitán Dunn regresó junto al grupo de milicianos después de recolectar las armas y volvieron para escoltar a José Smith y sus compañeros dirigiéndose a la taberna de hamilton. "Mientras pasaban la plaza pública muchas de las tropas, especialmente los Carthage Greys, expresaron vituperios que hicieron eco en los oídos del gobernador y cientos de otras personas: '¿Dónde está el maldito profeta?', '¡Maldito, José, ahora te tenemos en nuestras manos!' ". (17)

"Al oír estas amenazas, el gobernador Ford se asomó a una ventana y dijo: 'Sé que estáis ansiosos de ver al Sr. Smith, cosa que es muy natural; pero ya es demasiado tarde esta noche para que tengáis esa oportunidad. Sin embargo, señores, os aseguro que tendréis ese privilegio mañana por la mañana' ... con un desganado 'Viva Thomas Ford', se dispersaron". (18)
Es interesante notar que en el Hotel Hamilton donde se alojó el profeta, también se alojaban los apóstatas Joseph H. Jackson, los hermanos Law, los hermanos Foster y los Higbee. (19)

Martes 25 de junio, muy temprano por la mañana: "los prisioneros voluntariamente se entregaron en manos de BettisWorth el alguacil. Una vez más el gobernador Ford aseguró a los prisioneros que sus vidas serían respetadas". (20)

Hora 8:00. El alguacil BettisWorth arrestó a José y Hyrum Smith acusándolos de "traición" contra el Estado de Illinois. (21)
Hora 8:30. El gobernador Thomas Ford ordenó a la milicia que se formara "en cuadro frente a la Corte, dejando así un hueco en el centro. Después que lo hicieron, puso una mesa y parándose en ella lanzó un discurso en la manera más difamatoria, en contra de José y Hyrum Smith". (22)
Hora 9:15. "El gobernador entró e invitó a José a caminar entre la tropa, José le solicitó unos momentos para una conversación en privado, la cual él rehusó". (23) Entonces, juntos pasaron entre la tropa.
Hora 10:30. "A José Smith le llega la noticia de que los Carthage Greys se habían sublevado. José pidió a sus amigos que permanecieran en sus cuartos en el hotel." (24)
Hora 10:50. Pareció haber vuelto la tranquilidad entre los Carthage Greys.
Hora 12:48. Se le informó a José que los Law, los Higbee, los Foster y otros iban camino a Nauvoo para saquear la ciudad.
Hora 13:30. "Después de la comida, Mark Aldrich, de Warsaw fue a visitar a José." (25)

Hora 14:30. El gobernador le comunicó que había ordenado al capitán Singleton y a una compañia de hombres del condado McDonough, marchar a Nauvoo para cooperar con la policía a fin de mantener la tranquilidad.
El profeta escribió una carta a su esposa Emma para comunicarle que se había entrevistado con el gobernador Ford y que él y su hermano Hyrum habían sido arrestados por traición.

Hora 15:00. Hacia el final de la carta a Emma el profeta escribió: "El gobernador ha accedido a marchar con su ejército a Nauvoo y yo iré con él". (26) El gobernador le dio su palabra de honor que lo llevaría con él cuando fuera, sin embargo no cumplió su promesa.

Hora 15:48. "Se le informa a José Smith que William y Wilson Law, Robert D. Foster, Chauncey L. Higbee y Francis M. Higbee habían dicho: 'Si la ley no les hace nada, será necesario recurrir a las balas y la pólvora' ". (27)

Hora 18:30. Dan Jones oyó a los líderes del populacho diciendo que "después de tantas dificultades y problemas, y después de todos los esfuerzos que habían hecho por llevar a José Smith a Carthage, no lo dejarían salir de allí con vida". (28)

Alrededor de las 19:30. "El Dr. Levi Richards y la mayoría de los hermanos, Después de haber firmado los bonos de fianza, salieron para Nauvoo en el momento en que José y Hyrum entraban para hablar con el gobernador, quien les había dado audiencia. Después de unos minutos de conversación, el gobernador salió para ordenar al capitán de la guardia que diera algunos pases a los hermanos". (29)
Hora 20:00. Apareció el alguacil BettisWorth e insistió en que los presos fueran para la cárcel. José le exigió que le mostrara la orden de detención, a lo que el alguacil rehusó. Los abogados Wood y Reid insistían en que los presos tenían derecho de presentarse ante un juez; en esos momentos, para sorpresa de los presentes, el alguacil mostró la orden de arresto. El documento era ilegal, pero el gobernador Ford se negó a intervenir.

Finalmente, los presos fueron conducidos a la cárcel de Carthage por el capitán Dunn. Acompañaban a José, su hermano Hyrum, Willard Richards, John Taylor, John P. Greeve, Stephen Markham, Dan Jones, John Fullmer, el doctor Soutwick y Lorenzo D. Warson. Al llegar a la cárcel fueron recibidos por el carcelero George W. Stigall. Allí durmieron, en el suelo de la cárcel, desde las 23:30 hasta las 6:00 de la mañana del 26 de junio. (30)
Miércoles 26 de junio. En el día se hicieron diversas gestiones legales, con el propósito de obtener la libertad de los presos.
26 de junio por la noche. "El disparo de un fusil hizo que José abandonara la cama y se acostara en el suelo, en medio de Dan Jones y John S. Fullmer; luego, extendiendo el brazo derecho, le dijo al hermano Fullmer: 'Recueste la cabeza sobre mi brazo para que le sirva de almohada, hermano John'. Entonces se puso a conversar con él sobre varios asuntos y expresó el presentimiento que había que había tenido desde el principio, de que estaba a punto de morir. 'Quisiera ver de nuevo a mi familia', dijo. 'Ojala pudiese predicar a los miembros en Nauvoo una vez más'. El hermano Fullmer trató de alentarlo diciendo que tendría ese privilegio muchas veces". (31)
Jueves 27 de junio, hora 5:00. A esta temprana hora de la mañana llegaron John P. Greene y William W. Phelps a la cárcel, mientras iban camino a Nauvoo.
Hora 5:30. Se levantaron. José le pidió a Dan Jones que bajara y le preguntara al guardia cuál era la razón de los disturbios durante la noche, a lo que el guardia respondió con insultos y amenazas de muerte para el profeta y sus seguidores. (32)

Hora 7:00. José, Hyrum, el doctor Richards, Stephen Markham y John S. Fullmer desayunaron juntos. La mañana estaba lluviosa. A eso de las ocho, Cyrus Wheelock entró en la cárcel para visitar al profeta; llevaba una pistola y como no lo revisaron con cuidado, se la pasó a Hyrum. (33)
Hora 8:20. José escribió una carta a su esposa, Emma. (34)
Hora 8:30. John S. Fullmer regresó a la cárcel. (35)

Antes del mediodía. El gobernador Ford partió para Nauvoo, dejando a los enemigos de José Smith montando guardia en la cárcel. (36)
Hora 11:30. A. W. Babbit llegó a la cárcel portando una carta de Oliverio Cowdery. (37)

José, Hyrum y Willard Richard almorzaron en su cuarto, mientras Taylor y Markham comieron en la planta baja. (38)

Hora 13:30. EL doctor Richards se enfermó del estómago, razón por la cual José pidió al hermano Markham que fuera en busca de una medicina. Cuando iba de regreso, un hombre de apellido Stewart le gritó : "Viejo, tienes que irte del pueblo dentro de cinco minutos", a los que Markham contestó: "No lo haré". "Una compañia de hombres de la milicia de Carthage Greys lo rodeó, lo montaron en su caballo y lo forzaron a salir de la ciudad a punta de bayoneta". (39)

Hora 15:15. A pedido del Profeta, John Taylor cantó la canción "El caminante experimentado en pesares". (40)
Hora 16:00. Se hizo el cambio de la guardia; quedaron sólo ocho guardias vigilando. (41)

Hora 16:15. José Smith comenzó a conversar con el guardia sobre sus perseguidores. (42)
A partir de la hora 17:00. EL carcelero Stigall volvió a la cárcel diciendo que Stephen Markham había sido rodeado por una chusma y expulsado de la ciudad y que iba en dirección a Nauvoo. Luego les pidió a los prisioneros que se trasladaran a la celda de la planta baja. Cuando el carcelero salió, José se volvió hacia el doctor Richards y le preguntó: "Si nosotros entramos en la celda, ¿entrará usted con nosotros?" El doctor le respondió: "Hermano José, usted no tuvo que pedirme que cruzara el río para acompañarlo, no tuvo que pedirme que viniera a Carthage, no tuvo que pedirme que viniera a la cárcel con ustedes ... ¿cree usted que les abandonaría ahora?"

"Poco después de las cinco se oyó un ruido en la puerta de la prisión, junto con un grito de 'ríndanse' y los disparos de tres o cuatro armas de fuego. El Dr. Richards miró por la ventana y vió a unos cien hombres armados alrededor de la puerta, muchos de los cuales se habían pintado la cara de negro. Se dice que los guardias asestaron sus fusiles y ruidosamente amenazaron a los de la turba", aunque todo lo que hicieron fue disparar al aire.
"El populacho rodeó el edificio, y algunos, empujando a un lado a los guardias, ascendieron a escalera, forzaron la puerta e iniciaron su obra asesina, mientras otros disparaban por las ventanas. José, Hyrum y el hermano Taylor se habían quitado el saco. El profeta corrió hacia su ropa por una pistola seis cañones que Cyrus Wheelock le había proporcionado, y Hyrum recogió una pistola de un cañon que había dejado John S. Fullmer. Entonces se echaron contra la puerta, el hermano Taylor con un pesado bastón de Stephen Markham y el Dr. Richards con el del hermano Taylor.
En ese instante se disparó un balazo desde la escalera y José Smith, John Taylor y Willard Richards se lanzaron hacia el lado izquierdo de la puerta e intentaron batir a un lado las armas de los rufianes. Hyrum Smith retrocedió frente a la puerta, y en el acto de estar disparando su pistola, lo hirió una bala en el lado izquierdo de la nariz. Cayó de espaldas, exclamando: 'Soy hombre muerto'. Al caer al piso recibió en el costado izquierdo otra bala que venía de afuera, y con tanta fuerza que le hizo pedazos el reloj que llevaba en el bolsillo del chaleco. Al mismo tiempo otra bala, tras de rozarle el pecho, le pasó por la garganta y le penetró en la cabeza, mientras otra lo hirió en la pierna. Una lluvia de balas entraba en el cuarto. José extendió la mano alrededor del marco de la puerta y vació su pistola en el pasillo, auque algunos de los cañones no dispararon, mientras que los hermanos Taylor y Richards continuaban dando de golpes a los fusiles que introducían por la puerta.
Cuando cayó Hrum, el profeta exclamó: '¡Oh, querido hermano Hyrum!' Entonces, viendo que no había manera de escapar dentro del cuarto, e indudablemente pensando en salvar a sus otros compañeros, retrocedió con toda calma de la puerta, dejó caer la pistola al piso y saltó hacia la ventana. Dos balas lo hirieron desde la puerta, y otra disparada de afuera, hizo blanco en el lado derecho del pecho. Cayó hacia afuera en las manos de sus asesinos, exclamando: 'Oh Señor, Dios mío'." (44)
Samuel Smith, hermano del profeta entró en Nauvoo justo a tiempo para ver la procesión que llevaba los cuerpos de los mártires. El doctor Richards la conducía y una multitud de una diez mil personas se había reunido para recibirlos. Hombres y mujeres lloraban.
"Allen Stout, escribió en su diario la emoción de aquel día: 'Sus cuerpos inertes fueron traídos a Nauvoo, donde pude contemplar sus figuras reposando en los brazos de la muerte, lo que me dio un sentimiento que no puedo describir ... " (45)
Así se sentían también los demás sanos de Nauvoo. La atrocidad había sido consumada. El dolor traspasaba a amigos y familiares.
"Sus cuerpos fueron preparados por el hermano Willard Richards y un tal señor Hamilton ... también estaban allí Samuel H. Smith y 8 miembros de la milicia. Después que los cadáveres fueron lavados y vestidos con la ropa para enterralos, se nos permitió verlos ... pero cuando entré al cuarto, vi a mis hijos asesinados, tendidos ante mis ojos, y oí lños lamentos y sollozos de mis familiares y las voces de esposas, hijos y hermanos exclamando: ¡Esposo mío! ¡Padre! ¡Hermanos!, no lo pude soportar y retrocedí exclamando al Señor en la agonía de mi alma: '¡Dios mío, Dios mío, por qué has abandonado a esta familia!' Oí entonces una voz que me dijo: 'Los he conducido junto a mí para que puedan descansar'." (46)
Estas son las dolorosas palabras de Lucy Mack Smith, madre del profeta mártir.
El 29 de junio, los cuerpos se tuvieron en la Mansión de Nauvoo donde gran cantidad de personas desfilaron para verlos, desde las ocho de la mañana hasta las cinco de la tarde. "A esa hora las puertas se cerraron, los ataúdes con los cuerpos fueron sacados de las cajas externas y estás se llenaron con arena y se condujeron al cementerio, donde fueron depositadas con la ceremonia de costumbre en todo entierro. Al rededor de la medianoche, los cuerpos fueron llevados por unos pocos amigos de confianza y sepultados en el subsuelo de lo que entonces era la Mansión de Nauvoo. Allí permanecieron hasta el otoño, cuando fueron sacados a petición de Emma Smith, la esposa del Profeta y llevados a un lugar que miraba hacía el Mississippi, cerca de la Mansión de Nauvoo, y allí, juntos yacen los hermanos mártires que, 'en vida no fueron divididos, en la muerte no fueron separados' (véase D. y C. 135:3)." (47)
---------------------------------------------------------------Video: Tributo a José Smith: el Profeta de la Restauración.
BIBLIOGRAFIA
(1) D. y C. 135:1
(2) Elementos de la historia de la Iglesia (EHI), pág. 394
(3) EHI, pág. 394
(4) EHI, pág. 394
(5) EHI, pág. 395
(6) History of the Church (HCh), vol. 6, pág. 549
(7) HCh, vol. 6, pág. 549
(8) Comprehensive History of the Church (CHCh), vol. 2, pág. 247
(9) HCh, vol. 6, pág. 550
(10) HCh, vol. 6, pág. 551
(11) HCh, vol. 6, pág. 552
(12) HCh, vol. 6, pág. 552
(13) HCh, vol. 6, pág. 554
(14) EHI, págs. 395-396
(15) EHI, págs. 396-397. Véase también D. y C. 135:4
(16) HCh, vol. 6, pág. 558
(17) HCh, vol. 6, pág. 559
(18) EHI, pág. 397
(19) EHI, pág. 397
(20) EHI, pág. 397
(21) EHI, pág. 397
(22) EHI, pág. 398
(23) EHI, pág. 398
(24) HCh, vol. 6, pág. 564
(25) HCh, vol. 6, pág. 565
(26) HCh, vol. 6, pág. 566
(27) HCh, vol. 6, pág. 566
(28) HCh, vol. 6, pág. 568
(29) HCh, vol. 6, pág. 569
(30) EHI, págs. 398-400
(31) EHI, págs. 401-402
(32) EHI, pág. 402
(33) HCh, vol. 6, pág. 602
(34) HCh, vol. 6, págs. 604-607
(35) HCh, vol. 6, pág. 604
(36) EHI, pág. 403
(37) HCh, vol. 6, pág. 606
(38) HCh, vol. 6, pág. 613
(39) HCh, vol. 6, pág. 614
(40) EHI, pág. 403
(41) EHI, pág. 403
(42) HCh, vol. 6, pág. 615
(43) HCh, vol. 6, pág. 616
(44) EHI, págs. 404-405
(45) Orrin Porter Rockwell, Man of god, son of thunder, por Harold Schindler, University of Utah Press, SLC, 1966. págs. 136-137. Véase ambién EHI, Pág. 406.
(46) History of Joseph Smith, por Lucy M. Smith, Bookcraft, SLC, 1958. pág. 324.
(47) CHCh, vol. 2, pág. 293; véase también EHI, pág. 406.

lunes, 14 de septiembre de 2009

De crítico a converso

Por Joseph W. Darling

Mi primer contacto con La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días fue cuando conocí a una joven en un baile de un sábado por la tarde en Belfast, Irlanda del Norte. Quedamos en vernos al día siguiente, domingo, y así asistí a mi primera reunión en la Iglesia. Dada la enseñanza religiosa que recibí desde niño, además de mis actividades en dos religiones protestantes, no me dejé impresionar por los Santos de los Últimos Días.
Más aún, cuando los élderes hacían reuniones públicas en la calle, en la forma más amistosa trataba de desconcertarlos argumentando la veracidad de que José Smith hubiera sido un profeta. Seguramente por el interés que había despertado en mí la joven que había conocido, seguí asistiendo a las reuniones religiosas y sociales de la Iglesia,pero seguí oponiéndome a la idea de que José Smith hubiera recibido autoridad divina.
¡Y luego sucedió lo inevitable! Una tarde, en la reunión sacramental, se llamó a un joven misionero que acababa de llegar al campo misional esa misma mañana, para que diera su testimonio. Se veía un poco desaliñado y cansado por el viaje. Habló en ingles con acento alemán, y mientras se paraba para dar su testimonio pensé que era el peor embajador que la Iglesia podría haber llamado.
Simplemente y con mucha humildad narró la historia de josé smith y a medida que las lágrimas corrían por sus mejillas, sin sentir la más mínima vergüenza le creí, mientras mis lágrimas se unían a las de él. Poco tiempo después me bautizaba en Helens Bay, en Belfast.

(Tomado de la Liahona de octubre 1982)